miércoles, 17 de junio de 2015

La difusión de los recursos en la biblioteca escolar ¿Tarea prescriptora bibliotecaria o tarea de apoyo curricular?

La difusión de recursos con la elaboración de guías de lectura, selecciones bibliográficas o boletines de novedades es una tarea prescriptora bibliotecaria que la biblioteca escolar transforma y utiliza como tarea de apoyo curricular.

Las propuestas de lectura que se elaboran desde la biblioteca con coordinación con el equipo docente, representan una acción de mediación educativa orientada a apoyar el Plan de Lectura de Centro.

Estas propuestas se pueden ofrecer en el entorno virtual de la biblioteca en forma de productos (boletines digitales, pósters ...), pero también pueden presentarse de forma continuada a lo largo de un curso escolar, activando servicios dinámicos como es el caso del uso de blogs de lectura, o el uso de redes sociales como Pinterest. Estos servicios permiten establecer una dinámica relacional e interactiva que es básica para la biblioteca escolar, si nuestro objetivo es crear una comunidad lectora.

Las propuestas de lectura eaboradas desde la biblioteca a menudo tienen el formato de recomendaciones. Podemos encontrar ejemplos tipo "mostrador" (con las portadas de los libros) utilizando la herramienta del Pinterest, o bien tipo "reseña" con comentarios como el caso de los blogs. La biblioteca en su portal digital también puede recoger los títulos de las lecturas obligatoriasa para el curso escolar. Se trata de selecciones que se realizan de forma cooperativa con el profesorado de las diferentes áreas.

Considerar las propuestas de lectura no como productos bibliotecarios sino como productos de apoyo curricular a utilizar en las actividades de aula, representa un paso natural para integrar la biblioteca a la actividad docente. Hay una intención expresa a la hora de comunicar las novedades o boletines temáticos; se dirigen a unos usuarios con necesidades que conocemos, por lo tanto los proveemos de lo que necesitan, contribuyendo en su progreso como lectores. La biblioteca no compra material aleatoriamente ni publicita a la espera de una reacción fortuita, en la gestión de los recursos siempre hay una intencionalidad educativa.

Para la confección de productos y servicios digitales para la difusión de recursos podemos utilizar diferentes tipos de herramientas 2.0 que se pueden insertar en el portal digital de la biblioteca de forma muy sencilla. Estas herramientas permiten publicar y comunicar contenidos de una manera dinámica y visual, son de fácil actualización, al mismo tiempo que posibilitan la interacción y compartición con otros usuarios. Diferenciamos por sus características los escritorios y agregadores de contenido, de lo que serían las herramientas de edición.

 Escritorios virtuales: Netvibes, Symbaloo
 Agregadores de contenido: Pinterest, Scoop.it
 Herramientas de edición web: Blogspot , Google Sites...
 Herramientas de edición de documentos: Google Drive, Issuu, Slideshare, Scribd, Camaleó, Prezi
 Herramientas de edición de pósters virtuales: Glogster, walkwisher, padlet, linoit... 
 Herramientas de edición de vídeo: YoutubeAnimotoPhotopeach...
 Herramientas de edición de audio: IvoxPodomatic, Voki

domingo, 7 de junio de 2015

Debemos empezar a reivindicar el imprescindible valor formativo que tienen las experiencias con la cultura impresa y escrita para los niños y jóvenes.

A contracorriente: Elogio del papel en el aula por Manuel Area en Ordenadores en el aula. 18/05/2015

En esta últimas semanas he estado leyendo el libro, recién publicado en lengua española, de R. Casati Elogio del papel que lleva por subtítulo Contra el colonialismo digital. En el mismo, este autor nos alerta de que la “tecnología del libro impreso en papel” no sólo ofrece contenidos o informaciones de lectura, sino que también es un formato de experiencia cultural distinto de la lectura de ese texto en pantalla. Por ello, según este autor, no es lo mismo leer en papel que consumir dicha obra digitalmente. Es un libro interesante porque nos ofrece una mirada divergente (y a contracorriente) del actual discurso dominante que aplaude acríticamente la presencia totalizadora de la tecnología digital en nuestras vidas.

(...)  Soy un firme defensor, desde hace muchos años, de que los docentes, utilicemos pedagógicamente las tecnologías y todos los recursos del ciberespacio con nuestros alumnos tanto para enseñar como para aprender. Sin embargo, en estos tiempos de sobresaturación tecnológica (en el hogar, en el trabajo y en el ocio), creo que debemos empezar a reivindicar el enorme e imprescindible valor formativo que tienen las experiencias con la cultura impresa y escrita para los niños y jóvenes. Con esto no afirmo que unas tecnologías sean mejor que otras para el desarrollo intelectual, sino que considero necesaria la complementariedad de ambas para la formación de sujetos competentes ante la complejidad de la cultura en sus distintos y múltiples formatos.


¿Por qué hacerlo? Daría dos razones básicas.

Una es de naturaleza cognitiva o de desarrollo intelectual. La otra de equidad social en el acceso a la cultura. En el primer caso, empiezan a existir evidencias de que la experiencia de lectura y escritura de texto largos, realizada individualmente, en silencio, con un alto y continuado proceso de concentración favorece el desarrollo cognitivo de habilidades intelectuales que no se logran con la mera lectura o escritura de microtextos digitales y/o con la realización de actividades multimedia. La persona formada es aquella que domina todos los lenguajes, formatos y alfabetos expresivos de representación de la información (sean textos, hipertextos, audiovisuales, codificaciones icónicas, numéricas) y sabe utilizarlas para comunicarse en distintos contextos y situaciones.

El otro argumento de naturaleza sociocultural se apoya en que los hogares están desapareciendo los libros. Éstos son sustituidos por pantallas de tv, de videojuegos, de ordenadores o de telefonía móvil. Sin embargo, es previsible que los libros impresos sigan existiendo en aquellos hogares donde sus habitantes tengan el nivel cultural y económico suficiente para seguir adquiriendo cultura en formato de papel.

Hoy en día muchos niños y niñas están llegando a las escuelas –sobre todo las públicas- sin conocer ni tener experiencias previas con la lectura y manejo de la cultura impresa. Este hecho siempre sucedió históricamente y representaba uno de los factores de desigualdad entre alumnos que provenían de un tipo u otro de familias. Me temo que en los próximos años continuará (y se agrandará) esta diferenciación entre aquellos escolares de hogares donde además de existir mucha tecnología digital también disponen de libros, enciclopedias, revistas, cuentos y demás materiales culturales en formato papel frente a otros niños y niñas que sólo pueden acceder en su casa a la información y cultura mediante pantallas audiovisuales y multimedia.

Al igual que hace diez años atrás reclamé la entrada de las TIC en las aulas, no solo con argumentos educativos, sino también para evitar la entonces denominada “brecha digital”, ahora toca defender la presencia del papel en los colegios (sobre todo los públicos) para evitar lo que pudiéramos llamar como “la brecha impresa”. Del mismo modo que las políticas educativas TIC, hace una década atrás, sirvieron para ofrecer igualdad de oportunidades en el acceso a la tecnología a aquellos niños y jóvenes que no disponían de las mismas en sus casas, hoy tenemos que empezar a plantearnos políticas educativas para garantizar el acceso y uso de los libros en papel como instrumentos valiosos de la cultura.

Este planteamiento pudiera parece extraño o a contracorriente en los tiempos actuales donde lo innovador y vanguardista es proponer los usos educativos de las TIC. Pero como educador estoy convencido que las escuelas deben seguir siendo espacios sociales donde coexistan pacíficamente el papel y las pantallas porque unos y otros ofrecerán a los estudiantes experiencias de aprendizaje enriquecedoras y complementarias para ser un ciudadano culto de este siglo XXI. Lo cual implica que, además de aprender a manejarse inteligentemente con los recursos de la Web 2.0 y demás artefactos tecnológicos, también será interesante aprender a desconectarse conscientemente del ecosistema digital y disfrutar (aunque sea brevemente) del espacio y objetos empíricos que nos rodean.

miércoles, 20 de mayo de 2015

El equipo de biblioteca como núcleo motor y plataforma colaborativa puede implicar a profesores de diversas áreas en tareas y proyectos concretos

El concepto de biblioteca escolar como agente educativo requiere replantear el modelo actual de gestión y organización de su desarrollo en los centros.

El responsable de biblioteca es una figura capital para su sostenibilidad y permanencia pero no puede asegurar un modelo integrador de las tareas de la biblioteca en el organigrama escolar. Hay que hacer hincapié en la función del Equipo de biblioteca como núcleo motor y en su configuración como plataforma colaborativa para el trabajo docente.

Las acciones formativas, de apoyo curricular y de socialización que realiza la biblioteca conforman sus funciones y justifican su existencia, pero la realidad corrobora que estas tareas no pueden sostenerse con un modelo unipersonal ni desarrollarse exclusivamente bajo directrices bibliotecarias.

Hay que dotar a la biblioteca de una estructura organizativa que promueva el trabajo colaborativo y permita situar su trabajo en los órganos de coordinación docente. El Equipo de biblioteca representa una plataforma colaborativa que puede implicar a profesores de diversas áreas en tareas y proyectos concretos. Con esta concepción el Equipo de biblioteca podría articularse en el organigrama del centro no como un equipo de apoyo sino como un departamento didáctico pero de ámbito transversal y multidisciplinario.

Si las bibliotecas escolares pueden ser semilla de innovación educativa y contribuir en la mejora de la gestión de los procesos de aprendizaje, lo serán principalmente por las posibilidades que esta estructura de gestión colaborativa puede generar y promover dentro del centro facilitando cambios en la cultura de trabajo del profesorado.

El Equipo de biblioteca como todo departamento didáctico elaborará un Plan anual y unas Programaciones didácticas para responder a sus funciones y responsabilidades educativas: la dinamización de la lectura, la formación en competencias vinculadas a la gestión de la información y el conocimiento, la mediación en la gestión de contenidos y recursos, y la acción socializadora y compensadora dentro de la comunidad.

Con este modelo, el responsable de la biblioteca pasa a ser no sólo el responsable de un recurso educativo, sino el jefe de un departamento multidisciplinar que se se materializa como Equipo de biblioteca. De esta manera se promueve un trabajo integrado en la actividad escolar que permite aglutinar sinergias desde diferentes agentes educativos, estableciendo dinámicas de convergencia y cooperación en ámbitos curriculares compartidos.

La figura del responsable de biblioteca debe integrar dos facetas: la de jefe de departamento, entendida la biblioteca como agente educativo, y la de responsable de la biblioteca como centro de recursos. Hay que integrar las dos funciones -técnica y docente- en una única persona. La figura del responsable de biblioteca con consideración de especialista se puede consolidar si se crea en el centro educativo este nombramiento específico de coordinación docente con funciones y tareas definidas.

martes, 5 de mayo de 2015

Los bibliotecarios ante el reto de las nuevas tecnologías según el escritor y periodista Mempo Giardinelli

"Los bibliotecarios ante el reto de las nuevas tecnologías".  Mempo Giardinelli
Conferencia en la Biblioteca del Congreso de la Nación, el 24 de Abril de 2015, en la apertura de la Jornada Académica de la Sección América Latina y el Caribe IFLA. Argentina. 

(...) El profesional bibliotecario no es solamente esa persona que está del otro lado del mostrador y al que se abruma con tecnologías y sistemas y metodologías de trabajo que en muchísimos casos son atemorizantes, intimidatorios y hasta fantasmales. Me parece que si a esto no lo tenemos en cuenta vamos a equivocarnos muy gravemente.

(...) Los bibliotecarios son mediadores clave, nexos específicos entre la sociedad y la lectura, y por lo tanto tienen una responsabilidad que no siempre se reconoce. Ni ellos mismos ni la sociedad hacia ellos. Vivimos en una sociedad que es súmamente contradictoria respecto de sus bibliotecas y bibliotecarios. Por eso me parece importante enmarcarlos adecuadamente. 

(...) Yo aspiro, lo tengo escrito, a un tipo de bibliotecario asumido como intelectual, humanista, sensible y con sentido social. El bibliotecario, como el maestro, trabaja con su intelecto y con información, libros, lecturas. Su trabajo, por definición, dice Castrillón, "supera lo estrictamente técnico-profesional”.

La mayor amenaza para las bibliotecas, hoy, son las bibliotecas mismas”. Y yo agrego: también los bibliotecarios que se resisten a cambiar de actitud. O sea los bibliotecarios que se niegan a que en su formación se incluya la construcción del lector. Y es que ninguna técnica, ningún sistema estandarizado de catalogación, nada reemplaza el saber sobre los libros que acumula y puede compartir quien los ha leído y amado. Ésa es la función de mediación que deberían ejercer todos los bibliotecarios.

(...) Por eso para mí lo esencial del rol del bibliotecario no es solamente su nuevo rol y capacitación tecnológicos. Es sobre todo su rol social, y su capacidad lectora, lo que me importa reflexionar a la par de los extraordinarios avances cibernéticos que ellos sin dudas deben incorporar como saberes actualizados. Porque está muy bien que se enfrenten al reto de las nuevas tecnologías, y es obvio que tendrán que adaptarlas a nuevas condiciones y necesidades, y para ello deben seguir capacitándose, pero sin perder de vista la inmensa responsabilidad social de la profesión que han elegido. Y porque de entre todos los mediadores de lectura los bibliotecarios son los encargados de una transmisión aparentemente más pasiva de la pasión por leer, pero no es menos importante que la de padres y maestros.

La formación de un nuevo tipo de bibliotecario, entonces, requiere NO SOLAMENTE DE CAPACITACIONES TECNOLÓGICAS, que están muy bien y son necesarias y pueden ser irreprochables, sino ante todo y sobre todo requiere que sea un buen lector. O sea un lector curioso y gustoso, porque sólo así serán críticos, informados, reflexivos, inquietos, agudos y abiertos, conscientes y orgullosos de sus conocimientos y generosos para abrir las mentes de la comunidad que los consulte.

(...) Es la Pedagogía de la Lectura la que no debemos perder de vista. O sea el estudio de las actitudes, habilidades y prácticas de lectura de una sociedad determinada, y en las cuales el bibliotecario moderno, contemporáneo, debe ser un maestro. La Pedagogía de la Lectura observa y analiza usos y costumbres, e investiga y propone el desarrollo de una sociedad de lectores. Se apoya en los mediadores de lectura, que son aquellos que actúan profesionalmente en el campo de la educación (docentes y bibliotecarios) y también en los mediadores familiares, que son los primeros y más cercanos inductores de lectura de toda persona.

El objetivo primero y principal de la Pedagogía de la Lectura es sembrar la semilla del deseo de leer y estimular todas las posibles prácticas lectoras. Procura que todas las personas lean y se orienta a fortalecer los hábitos lectores de las personas que ya leen, proveyéndolas de ideas y estrategias para que ellas mismas ayuden a que otras personas quieran leer. Así, forma a los futuros formadores de lectores.

(...) La práctica de la lectura es una práctica de reflexión, meditación, ponderación, balance, equilibrio, mesura, sentido común y desarrollo de la sensatez. Todo eso que debe ameritar un buen bibliotecario. Leer es un ejercicio mental excepcional, un precioso entrenamiento de la inteligencia y los sentidos. Correlativamente, las personas que no leen están condenadas a la ignorancia, la improvisación y el desatino. Por eso los bibliotecarios como mediadores son fundamentales, porque en el imaginario social ellos son la cara del saber y el conocimiento. De modo que si ellos no leen caen en abierta contradicción porque más allá de sus conocimientos y habilidades tecnológicas, un bibliotecario que no lee es como un carpintero que no sabe usar el escoplo.