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lunes, 24 de noviembre de 2014

La gestión de contenidos digitales desde la biblioteca escolar. Líneas de actuación al servicio de la comunidad

La biblioteca escolar en referencia a la gestión de contenidos digitales puede abordar dos líneas de trabajo diferenciadas  desarrollando dos tipos de servicios de información. Por un lado puede realizar tareas de filtro y redistribución de recursos  con selecciones muy específicas, y por otro, puede articular la gestión de repositorios digitales compartidos para el archivo y almacenamiento de recursos generados por la propia comunidad.

La primera línea se vincula a la creación de entornos informacionales específicos que agrupan recursos vinculados a proyectos o actividades concretas. Representa un servicio de información digital que proporciona una selección de recursos focalizados en una temática específica. Esta selección, alejándose de la idea de realizar una colección digital exhaustiva, se realiza con criterios de pertinenza respecto al tipo de actividad a la que da apoyo 

La segunda acción se concreta con la creación de plataformas virtuales colectivas creadas para compartir recursos dentro de la comunidad. Se trata de la administración de repositorios digitales comunitarios para dar visibilidad a los recursos digitales que se utilizan en el centro educativo.

Actualmente diferentes agentes facilitan al alumnado enlaces a recursos digitales para las tareas escolares. Las selecciones de recursos se llevan a cabo de forma individual (el acceso directo del alumnado, las selecciones propias de los profesores ...)  Al mismo tiempo desde diferentes ámbitos (coordinador TIC, departamentos ...) se abren cuentas o perfiles digitales para utilizar herramientas de la web social. La biblioteca resulta ser un agente más que ofrece sus propias selecciones desde su portal digital. ¿Realmente tiene sentido que la biblioteca también las realice?  Sí,  siempre que sea de forma focalizada y en términos de utilidad.

Hay que considerar que la gestión de recursos digitales necesita en el centro educativo avanzar hacia dinámicas de trabajo colaborativas con la finalidad de impulsar que nuestros alumnos crean sus propios entornos personales de aprendizaje.

El objetivo común es que nuestro alumnado pueda ser autónomo en el acceso a la información en la sociedad digital. Esto implica no sólo desarrollar estrategias de búsqueda y localización, sino también de organización y gestión de la información. En este sentido cuando hablamos de recursos digitales hay que considerar no sólo contenidos, sino también herramientas y aplicaciones de trabajo para el acceso, tratamiento y comunicación de información.

Si lo que queremos desde la biblioteca es formar parte de los entornos personales de aprendizaje de nuestros alumnos hay que proporcionarles entornos informacionales específicos que sean para ellos referentes para la realización de tareas concretas. Este es el caso de los trabajos de investigación o las actividades de lectura. La biblioteca puede generar entornos informacionales en esos ámbitos. Pero ha de hacerlo con herramientas digitales que ellos puedan agregar en sus propios entornos (herramientas como Pinterest, Issu, Simbaloo ...). Hay que efectuar estos entornos más bien como secciones del portal de la biblioteca o como productos específicos que se puedan enlazar o enbeber de forma directa. 

En referencia a la gestión compartida, el objetivo como centro educativo es asegurar que la gestión de los recursos se realice con unos criterios comunes y que las diferentes iniciativas que se lleven a cabo se puedan asociar o relacionar. El papel de la biblioteca debería ser en este caso poder garantizar que esto se produzca poniendo al servicio de la comunidad mecanismos de gestión y estructuras que permitan articularlo.

martes, 4 de marzo de 2014

¿Cómo puede la biblioteca escolar contribuir a la gestión compartida de los recursos? La gestión de contenidos afecta a toda la comunidad educativa.

La biblioteca escolar no es una biblioteca que colecciona recursos. La biblioteca ya no almacena para coleccionar sino que reúne y agrupa para distribuir. Los recursos físicos se seleccionan o filtran para ser posteriormente dispensados.

Las tareas de gestión bibliotecaria tienen como finalidad facilitar el uso de los recursos y organizar su distribución. Nuestro objetivo es asegurar que los recursos circulen y se usen en diversidad de actividades, tareas o proyectos. Para ello necesitamos que el profesorado participe en este proceso sugiriendo recursos y aportando necesidades.

La colección de recursos físicos es pues una colección totalmente abierta a la comunidad. Una colección pensada no como un corpus unitario e indisoluble sino como un corpus flexible y misceláneo. Un corpus que se va construyendo en torno a la realidad escolar del propio centro educativo.

En la biblioteca reunimos y agrupamos recursos bajo unos criterios determinados, así como también ordenamos y clasificamos dichos recursos con pautas establecidas, pero pensando en las actividades a la que los recursos han de dar apoyo y en el tipo de personas que los han de utilizar. Los estándares internacionales y las recomendaciones  bibliotecarias son solo orientaciones. No nos sirven si no están contextualizadas.

Los recursos gestionados de forma centralizada por la biblioteca han de moverse por todo el centro.También deben renovarse o remplazarse cada curso escolar según las necesidades detectadas. Se trata de una colección variable y distribuida. Una colección que se conforma con criterios de movilidad.

Pero la gestión de los recursos digitales requiere otro tipo de estrategia. Los recursos digitales ya están en continuo movimiento. Aunque nos sobrevenga el deseo de coleccionarlos su inmaterialidad nos impide retenerlos. Coleccionar recursos digitales resulta una tarea titánica e imposible de abrazar de forma personal y sin objetivos concretos o específicos. La biblioteca no puede confeccionar una colección digital propia aunque su misión sea ofrecerla y distribuirla. Las características del entorno digital lo hacen imposible.

Pero la biblioteca sí puede contribuir en la gestión de los recursos digitales dentro del centro educativo. Su contribución más eficaz está vinculada a la generación o administración de repositorios digitales pero ya no como repositorios propios sino comunitarios.

La biblioteca ha perdido la exclusividad en la gestión de la información. La gestión de contenidos afecta a toda la comunidad educativa. La biblioteca está al servicio de esta tarea colectiva. En este sentido, todos en el centro educativo somos “biblioteca”. El conjunto del profesorado ha de poder y saber seleccionar recursos al servicio de la comunidad. El problema es cómo llevar a cabo esta tarea de forma coordinada y con unos mínimos de fiabilidad y eficacia. 

Desde todo el centro se facilita al alumnado enlaces a recursos digitales para las tareas escolares. Desde diferentes ámbitos (coordinador TIC, departamentos…) se abren cuentas o perfiles digitales para utilizar herramientas de la web social… las iniciativas son muchas pero se presentan totalmente descoordinadas.

Necesitamos hacer confluir estas acciones estableciendo criterios compartidos y estructuras comunes. Disponer de repositorios digitales compartidos es una posibilidad. La biblioteca puede contribuir diseñando una estructura de organización de los recursos eficaz, conformando las herramientas que faciliten su acceso y recuperación.

Los repositorios digitales son servicios de información que actúan como depósitos adregadores. Permiten garantizar el acceso gracias a sus mecanismos de almacenamiento y sus herramientas de recuperación. Diferenciaremos dos tipos de repositorios: 
  • Repositorios de contenidos digitales en referencia a los contenidos de las áreas curriculares seleccionados por criterios de relevancia y calidad 
  • Repositorios de producciones digitales realizadas por la comunidad (en diversos formatos, texto, audiovisual…), aquí se incluye también el depósito de las producciones propias de la biblioteca. 
En época de escasez las bibliotecas habían de garantizar el acceso a la información almacenando los recursos en custodia. Ahora en época de abundancia informativa, nos vemos en la casuística de haber de custodiar los recursos digitales que han sido filtrados o creados por nuestra comunidad.

lunes, 27 de mayo de 2013

Selecionar recursos digitales desde la biblioteca escolar. Gestionar entornos de aprendizaje focalizados en proyectos concretos

En referencia a cómo la biblioteca escolar puede dar acceso a los recursos digitales hay que centrar la acción de la biblioteca en la realización de tareas de filtro y redistribución de recursos pero focalizados en proyectos concretos. ¿Qué necesitamos?: ¿una biblioteca digital escolar pensada como colección o una plataforma que aglutine entornos virtuales para el aprendizaje?

Es importante considerar que la selección de recursos es desde la biblioteca y no para la biblioteca.  Es un servicio para facilitar el acceso, no un servicio para explotar una colección. La información digital fluye y no la podemos retener en contenedores cerrados sino solo expandir desde repositorios flexibles y abiertos adecuados a las edades de las personas que deben consultarlos. El objetivo es administrar o gestionar entornos informativos de aprendizaje a través de una plataforma virtual propia. Para ello las herramientas 2.0 están a nuestra disposición.

La biblioteca escolar con los recursos digitales ha de llevar a cabo una labor de filtro y redistribución. Es una labor de gran valúa ya que tiene un grado importante de dificultad porqué la acción de filtrado implica valoración y selección. Y la acción de distribución implica dispensar y repartir. ¿Sobre qué criterios y para qué realizaremos esa labor?

No es cuestión solo que los contenidos que se seleccionen sean relevantes sino que sean realmente pertinentes. Que sean útiles para aquello que se precisa. Esta es la clave de los criterios o de la política de gestión de contenidos. Si el objetivo es tener un "corpus bibliotecario", una "colección", necesitamos recursos relevantes. Pero si lo que queremos es focalizar en proyectos o demandas concretas procedentes de las aulas, lo que necesitamos son recursos pertinentes, es decir recursos que respondan a una necesidad informativa concreta que haya sido planteada.
  • En primer lugar se precisa disponer de unos criterios muy claros y estrictos de filtro y selección (una política de gestión de contenidos propia) que incluya por un lado aspectos concretos de la etapa educativa (el nivel) y aspectos concretos del contexto social y cultural donde está el centro. Hay un tipo de recursos generales que pueden ser para todos los centros de una misma comunidad autónoma pero otros recursos están más vinculados a aspectos concretos: provincia, municipio... 
  • En segundo lugar se precisa una concreción muy exacta de las necesidades que se quieren cubrir: los contenidos específicos de las áreas o de los proyectos. Es más fácil empezar por los proyectos porque es más concreto..... (aquí se requiere la colaboración del profesorado o un conocimiento propio del tema...)
  • En tercer lugar se precisa escoger la herramienta o herramientas digitales en función de dos premisas: que sea adecuada a la etapa educativa que la ha de utilizar ( la edad de los chavales...) y que las herramientas que disponga para recuperar la información sean útiles e intuitivas (con lenguaje natural y uso de etiquetas).
Con estas consideraciones ya podemos abordar la búsqueda de recursos digitales de forma intensiva pensando en primer lugar en rastrear los portales educativos de referencia que tenemos a nuestra disposición. Desde la biblioteca escolar podemos movilizar nuestra comunidad educativa hacia la construcción colectiva de colecciones digitales desordenadas pero accesibles a través de etiquetas y taxonomías múltiples. Es imprescindible que alguien desarrolle la función de crear en las organizaciones este tipo de pasarelas de información enfocada pensadas como un servicio a la comunidad para neutralizar la sobrecarga informativa.