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lunes, 4 de mayo de 2020

El docente bibliotecario, piedra angular para sostener las bibliotecas escolares

Momentos de crisis como el que estamos viviendo con el COVID19 son oportunidades para reinventarnos. Ya hace tiempo que tengo el convencimiento que el sentido de la biblioteca escolar está estrechamente relacionado con la docencia y con el protagonismo del claustro. Y que su sostenibilidad pasa por cambiar de forma significativa el modelo actual transformándolo en otro de más ágil y viable.

En esta línea se trabaja silenciosamente en muchos centros aprovechando todos los recursos posibles. Haciendo muchas veces caso omiso a aquellas voces que en las redes amplifican utópicas premisas reivindicando un tipo de biblioteca escolar difícil de implementar.

Pero públicamente ¿quién se atreve a desautorizar las Directrices de la IFLA / UNESCO? ¿Quién se atreve a discrepar de los expertos y especialistas? El confinamiento, el estado de alarma y la incertidumbre laboral de muchos bibliotecarios escolares no pertenecientes al claustro nos permite la licencia para hacerlo.

En la biblioteca de la escuela he vivido situaciones diversas. He propuesto caminos alternativos. He llevado a la práctica discursos teóricos (algunos incluso utópicos) pero posibles. Y muchas iniciativas han dado fruto. Pero al final siempre he acabado tropezando con la misma piedra, la viabilidad de las funciones del bibliotecario escolar. Un muro infranqueable con el que he aprendido a convivir. Funciones que derivan del rol que se le atribuye a la biblioteca escolar.

La realidad muestra la idea que la escuela no es que necesite una biblioteca, sino más bien un Plan Lector de Centro. Urge un proyecto global para el tratamiento de la lectura en todas sus formas y dimensiones. Así como organizar esta tarea desde la corresponsabilidad en el claustro, tanto en los centros de infantil y primaria como en los de secundaria. La biblioteca es una consecuencia de esta imperiosa necesidad.

La lectura como contenido y objetivo clave fundamental. La competencia lingüística y comunicativa, comprensión, interpretación, análisis, síntesis. Formación de estrategias de lectura pero también de escritura creativa, expositiva y argumentativa. Desarrollo de criterio personal y adquisición de competencias en la gestión de la información. También la mediación lectora, ofrecer y despertar interés por los libros y la lectura, el acompañamiento y la formación literaria para la interpretación y disfrute de los textos.

Y todo ello considerando metodologías centradas en el alumno, en el descubrimiento, la experimentación .... Y en el contexto de una escuela en proceso de transformación con cambios en la organización del aula, los agrupamientos, los tiempos y las materias. Así como una cultura de trabajo colaborativa en los equipos docentes.

En este puzle de piezas entrelazadas, ¿Cómo encaja el bibliotecario escolar? Si no está en el claustro pienso que no encaja. Sólo dentro del claustro puede formar parte de forma estable en la estructura docente. Puede participar en los órganos de coordinación establecidos y en los grupos de trabajo vinculados a la lectura o al Plan Lector de Centro. Y todo ello ¿cómo?

Pues en primer lugar con horas de docencia dedicadas explícitamente a la lectura, su dinamización y mediación, bien pueden ser horas de lengua, u horas de proyectos globalizados donde está integrada la lengua y la literatura. Y en segundo lugar asumiendo horas de dedicación que la dirección del centro determine para llevar a cabo la tarea de responsable de la biblioteca que incluye aspectos de organización, gestión y mantenimiento de la colección y de los espacios.

Es posible, como ocurre en muchos centros públicos, que estas horas de dedicación sean pocas. Sin duda alguna hemos de reivindicar más tiempo escolar para dar valor a esta función. Y hacerlo determinando qué tareas hay que hacer realmente en estas horas. Qué hacer y qué no es necesario de hacer.

Como podemos ver en contextos como Galicia y Andalucía que han apostado claramente por el modelo de docente bibliotecario, lo que tampoco deberíamos es adjudicarle un montón de funciones (con sus tareas correspondientes) que materialmente es imposible que pueda asumir. Son funciones que derivan de un modelo de biblioteca escolar pensado como centro de recursos con un rol activo, con vida propia que genera programas y servicios para complementar las diversas actividades docentes de aula.

Esta idea puede ser fundamento para justificar la necesidad de un bibliotecario escolar profesional externo al claustro pero vinculado. Vinculado con un plan de trabajo colaborativo donde el bibliotecario ofrece servicios no sólo a los alumnos sino también al profesorado. ¿Es esto sostenible económicamente? Pero aún así, ¿es este el modelo que necesitamos?

La formación y la especialización en lectura y biblioteca es un ámbito donde el sector bibliotecario no tiene la exclusividad. En la escuela para las funciones de responsable de la biblioteca tan importante como saber de libros y documentación es saber de estrategias didácticas en lectura, literatura y gestión de la información. Estar capacitado para el diseño de intervenciones educativas con estos contenidos. 

Volviendo a la idea planteada al inicio de este artículo. La sostenibilidad de la biblioteca escolar pasa por cambiar el modelo de forma significativa. Necesitamos situar la biblioteca como una pieza más de la estructura organizativa del centro, focalizando en las actividades y programas del Plan Lector de centro.

De un modelo con un abanico enorme de funciones debemos pasar a un modelo con una función única y muy focalizada. Quizás para el sector bibliotecario esto puede significar desvirtuar el concepto de biblioteca. Pero eso no importa. Quien tiene que determinar qué debe ser la biblioteca escolar ha de ser el propio sector educativo con independencia de las directrices del sector bibliotecario.

Si no se reconoce esta potestad a los docentes que estamos comprometidos con la educación y la lectura, ¿cómo podemos construir vías de sostenibilidad para las bibliotecas escolares?

Existen bibliotecas para niños y empiezan a funcionar proyectos de bibliotecas juveniles, pero de ninguna manera podemos extrapolar su modelo a las escuelas. Porque en las escuelas para que tenga sentido la existencia de una biblioteca debe esta responder a una necesidad real.

Somos muchos los que desde la vocación educativa y la formación y especialización en lectura creemos que nuestra función es necesaria e imprescindible. Con una biblioteca grande, pequeña, presencial, virtual... con los recursos que tengamos, propios o buscando recursos haciendo préstamos externos. Es imprescindible en la escuela la existencia de un referente que represente el valor de la lectura en sus diversas formas y dimensiones, y sea el encargado de asegurar la presencia de libros en el centro al alcance de nuestros niños y jóvenes.

El docente bibliotecario en Cataluña, con el reconocimiento del perfil profesional que el Departament d’Ensenyament dispone en Lectura y Biblioteca está plenamente capacitado, si dispone de su acreditación, para llevar a cabo la tarea de responsable de la biblioteca.  Y hacerlo siguiendo las disposiciones y acuerdos que establezca el claustro y los equipos de trabajo que asumen las tareas de impulso de la lectura y desarrollo del Plan Lector de Centro. Falta ahora situar la lectura como una prioridad en el sistema educativo. Preparémonos para ello. 

domingo, 12 de mayo de 2019

Las bibliotecas escolares han pasado a ser una opción pedagógica que cada centro puede asumir o bien descartar

Este titular puede causar polémica. Pero es un baño de realismo. Terminando esta segunda década del siglo XXI, los cambios sociales y culturales son tan evidentes que no encuentro manera de visualizar un futuro viable para la biblioteca escolar que no pase por algunas renuncias.

Los retos para las bibliotecas escolares siguen sobre la mesa. Como sintetiza el  DOCUMENTO 4 RETOS PARA A BIBLIOTECA ESCOLAR 2020  elaborado en la jornada técnica de Santiago de Compostela. (23/03/2019). Mi preocupación nace del día a día en la escuela. Pienso que tendríamos que renunciar a algunas de estas cuestiones. 

Hay retos que son demandas y necesidades “de siempre”. Las funciones de la biblioteca escolar son las que son ¿A qué tendríamos qué renunciar? 

Hay muchos centros que siguen sin tener biblioteca y hay otros que sí que la tienen pero que plantean desvalijarla porque no saben qué hacer con ella. 

Considerar la biblioteca escolar como espacio educativo a la medida del proyecto de centro es clave. Como indica el Reto 2 del documento mencionado.  Es valorar las potencialidades de la biblioteca escolar desde dentro de la escuela. Considerando las necesidades concretas.

Pero aun así, pienso que tendríamos que  renunciar a determinadas funciones de la biblioteca escolar que provienen principalmente de las Directrices IFLA/UNESCO bibliotecarias, que la definen como pilar básico para la adquisición de hábitos lectores en niños y niñas, y jóvenes adolescentes.

¿No nos damos cuenta que quien debe garantizar esta cuestión es la escuela? La biblioteca escolar no es el objetivo, es solo un medio. La escuela es el pilar.

Resulta que incluso puede no importar que no esté, si la escuela garantiza de forma regular, no solo el aprendizaje de la lectura, sino también el gusto por  leer, el hábito y la afición.   

El contexto escolar ha de disponer de  un tiempo de lectura, estrategias de mediación lectora y libros en las aulas.  Y esto no siempre se garantiza. 

En el tratamiento de la lectura en la escuela es donde urge que la administración ponga todos los esfuerzos. Es imprescindible e irrenunciable. La formación del profesorado en esta cuestión es la prioridad. Si ello implica renunciar al impulso de determinadas funciones de la biblioteca escolar, yo renuncio.

Bajo mi opinión las bibliotecas escolares a partir de este momento (inicio de la tercera década del Siglo XXI) tendrían  que plantearse  como una opción pedagógica que los centros educativos pueden asumir o bien descartar. 

Ahora bien. ¿De qué depende esta voluntad? 

Mi experiencia en el día a día de la escuela  como responsable de la biblioteca, me ha llevado a mí y a todo el equipo, a reorganizar el sentido de la biblioteca en el centro. Renuncias y propuestas concretas sostenidas en aquello esencial. 

Nos hemos centrado en dos aspectos: la lectura pensada como EXPERIENCIA y la escuela pensada como COMUNIDAD EDUCATIVA.

Hemos llegado a la conclusión que disponer de una biblioteca en la escuela es esencialmente una cuestión vinculada  a LA PRACTICA DE LA LECTURA.  

La biblioteca escolar puede ser muchas cosas, pero esta función es irrenunciable para la escuela.  La biblioteca de mi centro ha conectado (e influido también), con el compromiso de la escuela para el fomento de la lectura y el desarrollo de la competencia lingüística en su vertiente interpretativa y valorativa. Hacer que la lectura en la escuela tenga un espacio y tratamiento privilegiado. Y hacerlo desde una visión de la lectura amplia que incluye diversidad de usos y funciones.

Me refiero a fomentar experiencias lectoras vinculadas a la lectura literaria pero también experiencias lectoras que generen el gusto de leer para aprender y conocer. 

La lectura como herramienta para disfrutar y emocionarse con la literatura, pero también para acceder a ideas y conocimientos.  LECTURA y ACCESO A LA INFORMACIÓN és una unidad. No son dos aspectos diferenciados de la biblioteca. 

La biblioteca puede ser:

1.     Un espacio central  que sea comunitario y versátil

-         Que permita a nivel organizativo diversificar espacios de aprendizaje.

-         Que  permita a nivel social el encuentro de alumnos de diversos niveles, la participación de las familias y la inclusión en la comunidad.

2.     Un núcleo referente para la lectura que sea generador de propuestas lectoras.

-        Que permita a nivel organizativo  poner al alcance de nuestros alumnos materiales diversos (en la biblioteca central o en bibliotecas de aula) para el tiempo de lectura en el aula pero también en horario no lectivo.

-        Que permita a nivel social  que la escuela pueda ser un contexto óptimo para la vivencia de experiencias lectoras compartidas.

Rebajar expectativas y concentrar todas las energías en lo esencial. Una biblioteca escolar facilita el desarrollo de todas aquellas acciones que quiere llevar a cabo una comunidad educativa en su compromiso con la lectura y la mejora de los aprendizajes.  Incitemos a las administraciones educativas a permitir esta posibilidad a los centros educativos que lo soliciten y que estén formándose en esta tarea.

domingo, 14 de mayo de 2017

Cruzando caminos entre necesidades y potencialidades (utilidades). Mirando la biblioteca escolar desde dentro de la escuela

La utilidad de la biblioteca escolar como recurso educativo está más que demostrada. La dificultad es su desarrollo y consolidación. Afectan la complejidad organizativa y la cultura de trabajo del centro, muchas veces ajenas a las potencialidades pedagógicas del uso de una biblioteca escolar.

A pesar de esta consideración podemos sostener con convencimiento que cada centro educativo necesita disponer de una biblioteca escolar. Sí… pero singularizada a su propia realidad y contexto. Su implementación ha de nacer de las necesidades propias del centro. Cuando es así... su uso se hace imprescindible.

Esta es la idea fundamental y el objetivo que nos ha de ocupar. Más que querer conseguir una red de bibliotecas de los centros educativos de cada comunidad autónoma lo que urge es el desarrollo de bibliotecas singularizadas. Las redes han de existir como plataformas de apoyo y espacios para compartir y formarse, pero no han de tener como objetivo unificar. 

El problema no es el modelo de biblioteca escolar sino la constatación que en muchos centros educativos no hay la necesidad de su existencia.  Y esto está pasando porqué en la mayoría de los casos no se ha conectado las potencialidades de la biblioteca escolar con la realidad de la escuela. Incluso es posible que se valore la acción de la biblioteca como competencia de la actividad del aula aunque su intención sea enriquecerla. ¿Qué podemos hacer?

Pienso que los que tenemos algún tipo de responsabilidad en la propuesta de modelos para el desarrollo de las bibliotecas escolares, ya no podemos seguir fundamentando la necesidad de la biblioteca solo mostrando los aspectos propios de la biblioteca escolar (sus funciones educativas) que configuran su valor y su utilidad. Esto... ¡¡ ya lo hemos hecho durante veinte años!!   

Ha llegado el momento de mirar la biblioteca desde dentro de la escuela para resaltar aquellas necesidades específicas del centro educativo que requieren indiscutiblemente su presencia. 

Esto implica hablar de la biblioteca no desde su utilidad sino desde su necesidad. Valorar no desde sus virtudes sino desde las necesidades de la escuela. Necesidades que parten de objetivos educativos concretos (curriculares y sociales) o de aspectos organizativos que requiere el centro recogidos en el Proyecto Educativo.  

La biblioteca escolar está al servicio del proyecto educativo, sí. Pero.. ¿Qué aspectos del proyecto educativo consideran los maestros desde el aula que precisan el uso de la biblioteca? ¿Todo esto está explícito y verbalizado en los claustros?

Porqué el fomento de la lectura y la formación en el acceso a la información es una cuestión del proyecto educativo no únicamente de la biblioteca escolar. Esta no ha de asumir una parcela del currículum, sino ser instrumento para llevarlo a la práctica o realizar acciones de docencia compartida.  La biblioteca puede dar respuesta a aquellas necesidades respecto al modo como conseguimos los objetivos educativos relacionados con la lectura y el acceso a la información. 

Nuestro relato tiene que adecuarse a esta realidad. No es que la BE con sus acciones apoye el proyecto educativo, es que la BE es utilizada por el profesorado y la comunidad educativa para desarrollar dicho proyecto a partir de su actividad cotidiana escolar a nivel de aula o a nivel de comunidad educativa.

Cruzando caminos entre necesidades y potencialidades (o utilidades). Mirando la BE desde dentro de las aulas, desde dentro de la escuela. En este momento... ¿qué necesidades puede cubrir la biblioteca en una escuela que quiere poner su organización escolar al servicio de los aprendizajes?

A NIVEL COMUNITARIO
  • Necesitamos espacios para el aprendizaje y la lectura más allá del aula (para realizar actividades específicas)
  • Necesitamos entornos con propuestas de lectura (para mediar en el acceso a la información y a la literatura) 
  • Necesitamos espacios comunes y sociales (para favorecer el encuentro, la participación y la inclusión)
A NIVEL CURRICULAR
  • Necesitamos libros en la escuela (para ofrecer propuestas de lectura)
  • Necesitamos recursos y materiales variados (para realizar proyectos y tareas de aprendizaje) 
  • Necesitamos una infraestructura propia de gestión de los recursos (para garantizar su distribución y el acceso compartido en el centro)
A NIVEL PEDAGÓGICO
  • Necesitamos plataformas que permitan la docencia compartida (para potenciar dinámicas de trabajo colaborativas)
  • Necesitamos plataformas de trabajo interdisciplinar (para realizar proyectos específicos de ciclo, etapa o centro)

¿Sobre qué argumentación podemos sostener esta tesis?

Como acabo de resaltar hay una evidencia: la complejidad organizativa y la cultura de trabajo del centro afectan en el desarrollo y consolidación de su biblioteca.  No es una cuestión de recursos humanos y materiales únicamente, ni de apoyos de formación desde la administración educativa. Es una cuestión de cultura de centro, de visión de la enseñanza y de uso o no uso de recursos educativos específicos para el diseño de los aprendizajes. Es aquí donde hay que formar al profesorado. 

Las BE son imprescindibles o irrenunciables si hay necesidades curriculares que las precisen y si el profesorado las reclaman para ello. Una biblioteca per se será siempre útil y beneficiosa, porqué su presencia enriquecerá de una forma u otra el proyecto educativo. Pero la cuestión no es “enriquecer” sino “fortalecer”. No hay que añadir actividad, sino más bien sostener la actividad ya existente, la actividad docente del aula, con apoyos materiales (recursos) o humanos (docencia compartida). 

Sobre el modelo de implementación hay que considerar que plantear la presencia de bibliotecas en los centros educativos como agentes que van a generar innovación educativa es seguir visualizando la innovación solo como la introducción de mejoras en el sistema. Cuando lo que precisa la escuela ahora en el siglo XXI son cambios sistémicos, no necesariamente disruptivos con todo, pero si transformadores en aspectos básicos de la organización escolar.

Sí podemos decir con convencimiento que las bibliotecas escolares son recursos educativos que en manos del profesorado y orientadas al servicio de la comunidad facilitan este tipo de innovación educativa sistémica.

La organización escolar ha de estar al servicio de los cambios que se diseñen a nivel pedagógico. La responsabilidad es del profesorado. Si el proyecto educativo no contiene como objetivos propios y prioritarios el fomento de la lectura, el trabajo por proyectos y la gestión compartida de los recursos, la biblioteca no tiene razón de existir por más que desde la administración aseguren su existencia en todos los centros educativos del estado español. 

domingo, 19 de febrero de 2017

Las bibliotecas escolares no son útiles o inútiles, son sencillamente necesarias

La implementación de programas de apoyo al desarrollo de bibliotecas escolares en los centros educativos es una cuestión de voluntad política. Las bibliotecas escolares pensadas como recursos educativos en manos del profesorado para su quehacer docente y al servicio de la comunidad educativa, son una opción pedagógica que responde a una intención específica.

Así pues las bibliotecas escolares no es que sean consideradas útiles o inútiles por parte de la administración, nadie discute su valor. Lo que se pone entre dicho es si son necesarias o no. Este es el problema real que tenemos sobre la mesa.

Podemos argumentar su necesidad de muchas maneras. No es difícil hacerlo. Tenemos discurso armado suficiente. Esta no es la cuestión. Me pregunto, más bien, en base a qué parámetros la administración mide que un recurso educativo es necesario o no en la escuela. ¿Parámetros económicos, organizativos, metodológicos, curriculares…? ¿Donde se ponen las prioridades?

La biblioteca escolar es necesaria, pero también deberíamos considerar unas premisas de posibilidad. Una biblioteca... ¿ con qué características? Si miramos como están nuestros centros y las carencias que tenemos en todos los ámbitos (materiales, humanos….) incorporar una infraestructura bibliotecaria, una dotación económica para sus fondos y la figura de un bibliotecario escolar con horas de dedicación… ¿es en este momento realmente necesario? ¿Para qué lo necesitamos? Para el fomento de la lectura y el acceso a la información podemos utilizar diversos recursos en el centro escolar. Es fundamental tener libros. La manera de gestionarlos es otro tema. ¿Es una prioridad disponer de biblioteca?

Muchos creemos que la biblioteca escolar puede ser la herramienta más potente para el fomento de la lectura en la escuela, pero siempre y cuando sea una herramienta en manos de los maestros. Estos han de sentirse empoderados para su uso desde la corresponsabilidad colectiva de considerar la lectura como una prioridad del proyecto educativo de centro. 

Una biblioteca escolar de verdad (no la ideal) será siempre una biblioteca sencilla y flexible en su gestión, singularizada y en la mayoría de casos muy lejana de las normativas y estándares internacionales. Eso es una biblioteca escolar. Desde esta realidad hay que ayudar a su mejor gestión, a su mejor dotación…. pero partiendo siempre de su peculiaridad. Una sencillez que hace de ella una biblioteca accesible a los maestros y a la vida de la comunidad.

Ha de ser un espacio y un recurso que sea parte intrínseca de la escuela, que disponga de un docente que ejerza la función de responsable de ese recurso. Los órganos de coordinación existentes son los que han de gestionar y dinamizar la biblioteca escolar. Así de simple tendría que ser. Los equipos de apoyo de la biblioteca escolar no son sino los mismos órganos de coordinación, más comisiones de trabajo o distribución de tareas entre el mismo claustro.

Disponer de propuestas, proyectos, iniciativas para usar la biblioteca escolar, sí que incentiva esfuerzos colectivos para organizarla y desarrollarla o determinar un proyecto para ella como centro.

Pero si consideramos a la biblioteca escolar como una infraestructura bibliotecaria del mismo calibre que una biblioteca pública, poco podremos hacer. O si aspiramos a ello, siempre nos sentiremos poca cosa. No nos engañemos, tal y como estamos (con pocos recursos), disponer de una gran infraestructura representa un lujo para un centro escolar, que puede aportar “valor añadido” a todo el proyecto educativo pero que necesitará siempre para ello hablar en términos de “integración curricular”. Hay que pensar la biblioteca escolar desde dentro de la escuela.

Pidamos, desde esta perspectiva, a la administración que considere la necesidad de implementar programas de apoyo a las bibliotecas escolares, que actúe de forma proactiva, potenciando la autonomía de centro para la gestión de la biblioteca, pero también incentivando recursos de apoyo para los maestros que se apropian de sus bibliotecas, así como programas de colaboración con las bibliotecas públicas de la misma zona territorial.

Esta es la gran necesidad. La gran prioridad es dotar de buenos fondos estas pequeñas bibliotecas. La escuela necesita libros y recursos de calidad para el fomento de hábitos lectores y el desarrollo de habilidades informacionales. 

viernes, 21 de octubre de 2016

La potencialidad de la biblioteca escolar como referente cultural emancipador, corporativo y curricular dentro del centro educativo

Uno de los ámbitos de actuación de la biblioteca escolar es su función curricular como centro de recursos. En el actual contexto cultural donde el acceso a la información es múltiple y diversificado... ¿tiene sentido configurar la biblioteca escolar como centro de recursos al servicio de la enseñanza y el aprendizaje?

Pensar que una biblioteca puede resultar obsoleta como modelo de acceso a la información es despreciar su potencialidad como referente cultural emancipador, corporativo y curricular dentro del centro educativo. 

Es cierto que hay que actualizar los recursos que la biblioteca contiene, pero también resulta imprescindible resituar esta función en relación  a las necesidades reales de los centros escolares.

¿Qué necesidades surgen en un centro educativo en relación al acceso a la información y la gestión de los recursos documentales?

Podemos detectar tres necesidades básicas donde la biblioteca puede intervenir y mostrar utilidad. De este análisis surgen tres rasgos diferenciados de la biblioteca escolar como referente cultural del centro escolar. La biblioteca escolar como:

1. Referente cultural emancipador
2. Deposito corporativo de referencia
3. Servicio de apoyo curricular

NECESIDAD 1. Asegurar el acceso a contenidos culturales de calidad para el desarrollo personal y académico del alumnado con el objetivo de incentivar su curiosidad intelectual y su creatividad. 

Urge disponer en el centro escolar de mecanismos para facilitar el acceso a contenidos de calidad y evitar los posibles riegos de saturación y superficialidad propios de un contexto cultural sobre-informado. 

La biblioteca escolar como referente cultural emancipador ofrece propuestas concretas de lectura y facilita el acceso a actividades culturales en el entorno de la comunidad educativa. La biblioteca es un punto de acceso a la información y a la cultura que asume una función mediadora. Entendida la mediación con un matiz emancipador. La acción de la biblioteca tiene intencionalidad. La biblioteca incitar a leer, a buscar, a indagar, a pensar… estimulando hábitos culturales. También permite trascender el marco estrictamente escolar y conectar al alumnado con la realidad cultural de su entorno inmediato. 

NECESIDAD 2. Gestionar de forma corporativa los recursos que dispone el centro educativo utilizando dispositivos que faciliten su socialización y garanticen su disponibilidad.

Se precisa en la organización escolar dispositivos para la gestión técnica de los recursos didácticos y culturales del centro escolar. Son un patrimonio documental que requiere custodia y cuidado. Alguien debe responsabilizarse y establecer mecanismos de selección, adquisición y expurgo, así como garantizar su uso y distribución.

La biblioteca escolar como depósito corporativo se responsabiliza de la gestión colectiva de los recursos del centro educativo. Organiza los recursos confeccionando una colección disponible en la biblioteca o distribuida en las aulas, seleccionando, clasificando y realizando el tratamiento técnico de los materiales. La biblioteca también realiza el archivo y depósito (para garantizar su acceso) de los recursos digitales de la comunidad, así como aglutina y conecta las selecciones de recursos digitales de los propios maestros. 

NECESIDAD 3. Disponer en las aulas de recursos didácticos de calidad, diversos y cambiantes, así como establecer propuestas de lectura facilitando itinerarios lectores en función de intereses y capacidades lectoras. 

Se requiere empoderar al profesorado de su responsabilidad en la provisión de los recursos. El equipo docente es quien tiene que proveerse de estos materiales en función de las necesidades detectadas.

La biblioteca escolar como servicio de apoyo curricular distribuye materiales a las aulas y facilita, asiste o ayuda al profesorado en el proceso de localización y recuperación de recursos. La biblioteca escolar interviene con una función curricular de apoyo al profesorado. La biblioteca realiza selecciones específicas, elabora propuestas de lectura o confecciona itinerarios lectores de forma vinculada a la programación docente. También procura por su cuidado y renovación según las necesidades de cada curso escolar.

sábado, 1 de octubre de 2016

¿Pueden las bibliotecas escolares intervenir en los procesos de cambio y transformación educativa que precisa la escuela?

Los sistemas educativos han de sufrir cambios significativos en un futuro próximo. Esta revolución ya está sucediendo en lugares específicos donde se ha empezado a experimentar enfoques pedagógicos nuevos y propuestas diversas de organización de los tiempos y espacios escolares.

La propuesta de cambio educativo iniciada en Catalunya con el programa Escola Nova21 es un ejemplo de ello. Esta plataforma ha generando un proceso que puede ser beneficioso a nivel general. Está actuando como motor de arranque. Y esto, a pesar de las críticas posibles, ha de ser considerado positivo.

En este contexto de cambio… ¿cómo se presenta la biblioteca escolar? ¿Qué lugar ocupa? Resulta que no está descrita. No se contempla. Se propone el trabajo por proyectos pero no se considera la biblioteca como espacio para realizarlos, ni como centro de recursos. Solo en las actividades de lectura hay alguna referencia a la biblioteca, pero importan más los itinerarios lectores que el espacio donde leer o encontrar los libros. Entonces… ¿cómo puede la biblioteca de un centro escolar intervenir en los procesos de cambio y transformación educativa que precisa la escuela?

La biblioteca escolar tiene potencial para hacerlo, pero debería adaptarse al cambio. Hay que moverse. Pero... ¿cómo? ¿Hacia dónde? Hay que adaptarse a una nueva situación dentro de la organización de los aprendizajes y en el modelo organizativo de centro. Estamos ante un cambio nuclear para la biblioteca escolar, pues se vincula a las estructuras organizativas. Si estas se modifican... ¿en qué lugar o situación queda ella? La biblioteca escolar ya ha tenido que adaptarse a la irrupción del mundo digital, pero ahora el cambio está vinculado a su uso y a sus funciones, y a la manera como puede llevarlas a cabo.

En este contexto, se trata de considerar a la biblioteca escolar como un instrumento facilitador del desarrollo de determinados elementos que son esenciales para el proceso de transformación que ha de abordar la escuela.

Ya no podemos argumentar la utilidad de la biblioteca en un centro escolar desde las funciones que el modelo tradicional le atribuye (fomento de la lectura, formación en destrezas informacionales, mediación en los recursos…) para dar apoyo al proyecto educativo de centro.  Si realmente lo que queremos es articular la incorporación del uso de las bibliotecas a las dinámicas de los centros hay que plantear otra estrategia para su implementación. 

Lo que deberíamos es argumentar su utilidad desde su valor como instrumento pedagógico, para ser usado por la comunidad educativa para facilitar aquellas acciones que cada centro escolar determine dentro de su propio proyecto.

Estas pueden ser el fomento de la lectura, o la dinamización cultural o el impulso de la participación de las familias…, las acciones pueden ser diversas y van a depender de la singularidad de cada centro. Lo relevante es que surjan desde dentro de la escuela como prioridades u objetivos internos.

Este es el gesto de cambio que va a permitir a las bibliotecas escolares adaptarse y sobrevivir en el sistema educativo. Se trata de actuar desde dentro de la escuela. Si no avanzan en esta dirección, si no se adaptan a esta realidad, es probable que las bibliotecas escolares tal y como las hemos pensamos hasta ahora, entren en extinción.

Estamos ante la posibilidad de construir un nuevo relato más sencillo y con menos expectativas. Una nueva representación de lo que es una biblioteca escolar. Las bibliotecas escolares han de ser unas infraestructuras bibliotecarias más útiles pedagógicamente, por lo que han de ser más simples en su gestión. No se trata de romper con el modelo existente sino de presentar una actualización. Determinar estrategias de implementación y desarrollo más flexibles y singularizadas a la realidad de cada centro educativo.

Todo ello con un doble objetivo: dar respuesta a este contexto de cambio, y contrarrestar el pesimismo existente en nuestro colectivo fundamentado en la denuncia de las carencias existentes. Muchas de las acciones que determinamos hace años para la biblioteca escolar son imposibles de realizar. De forma generalizada hemos visto que los centros educativos no están preparados para ello. No toda la responsabilidad es de la administración, hay carencias dentro de los propios centros que no permiten articular el uso de la biblioteca de forma natural.

Si han funcionado, si están funcionando determinadas bibliotecas escolares es porque en ellas se conjuran diversas coyunturas que lo facilitan: como la corresponsabilidad docente o proyectos de lectura compartidos por la comunidad educativa. Porqué estos elementos sí que son claves de éxito para la biblioteca escolar.

Ahora no es momento de lamentaciones ante las carencias. Lo que importa es determinar como las bibliotecas escolares se incluyen en el contexto organizativo de la docencia y en las dinámicas relacionales de la comunidad educativa.  Y buscar soluciones para su gestión y desarrollo vinculadas a las directrices administrativas relativas a la autonomía de centro.

La reflexión tiene dos niveles de análisis. En primer lugar es preciso discernir qué elementos resultan esenciales para el cambio y la transformación educativa en la escuela. Y  identificar aquellos donde puede vincularse la biblioteca de forma específica. En segundo lugar tendríamos que determinar cómo puede la biblioteca escolar facilitar el desarrollo de estos elementos identificados. Empecemos a construir discurso sobre ello. 

jueves, 1 de septiembre de 2016

Las bibliotecas escolares como entornos sociales de lectura y aprendizaje para la comunidad


El modelo de desarrollo e implementación de bibliotecas escolares de nuestro país precisa en este momento una actualización para poder conectar con la realidad de la escuela y los procesos de transformación que ésta ha de afrontar.

Las bibliotecas en los centros educativos forman parte de la organización escolar, son infraestructuras bibliotecarias que están organizadas y activadas al servicio de la acción del profesorado y de los proyectos del centro. Se convierten así en recursos educativos para el fomento de la lectura y en agentes mediadores para el acceso a la información.

Pero esta transformación (de ser solo infraestructura bibliotecaria a pasar a ser un recurso útil y un agente mediador) depende del sentido y valor que le atribuimos y de la estrategia de implementación que desarrollemos.

Así pues… ¿cómo podemos definir la biblioteca escolar de una institución educativa del siglo XXI? ¿Tiene aún sentido definirla como centro de recursos para la enseñanza y el aprendizaje?

En una escuela donde las dinámicas en el acceso a la información y uso de los recursos han cambiado radicalmente, está perdiendo sentido  una definición de biblioteca escolar desde su consideración de centro de recursos para la enseñanza y el aprendizaje.

Todo apunta a que el modelo CREA o BECREA ha de actualizarse. Aunque es obvio que una biblioteca per se es un centro de recursos y un núcleo de dinamización lectora, y que todo ello se vincula al currículo, la actualización sin querer modificar estos dos aspectos, lo que pretende es revitalizarlos dentro del nuevo contexto escolar.

La actualización consiste en presentar la biblioteca escolar de forma que conecte con la realidad de la escuela, con las dinámicas relacionales y sociales del centro educativo. En situar en primer lugar la dimensión social de la biblioteca que es propia de su quehacer pero que hasta el momento se limita a una extensión cultural o a la realización de algunas actividades con el entorno y las familias.

La cuestión ahora es situar la biblioteca como instrumento para fortalecer la dimensión comunitaria de la institución escolar e impulsar la corresponsabilidad educativa en el equipo docente.


Nace así la posibilidad de centrar el desarrollo e implementación de la biblioteca escolar más allá del currículo. Se necesitan bibliotecas centradas en la propia comunidad educativa. Bibliotecas pensadas como plataformas sociales de desarrollo comunitario en el contexto especifico de un centro educativo.

Desde esta perspectiva podemos definir las bibliotecas escolares como entornos sociales de lectura y aprendizaje para la comunidad con cinco ámbitos de actuación para llevar a cabo las funciones que le corresponden.

ÁMBITOS

1. Entorno para la socialización de la lectura
2. Entorno al servicio de los aprendizajes
3. Espacio abierto a la comunidad educativa
4. Referente cultural del centro escolar
5. Plataforma para proyectos colaborativos

Porqué las instituciones educativas de nuestro tiempo deben avanzar hacia una cultura organizativa que enfatice el valor de la comunidad y de la corresponsabilidad del profesorado. Se precisan cambios en la organización escolar y en la cultura de trabajo, y para ello hemos de utilizar los instrumentos disponibles en la escuela que tengan esencia comunitaria, como es el caso de la biblioteca escolar.

Aunque parezca una utopía, es menester construir centros educativos presididos por la comunicación, la colaboración, el respeto, las relaciones personales… La personalización y consideración del valor del capital humano. La escuela ha de ser una organización positiva, un lugar que cuida y promueve el bienestar de todos sus miembros poniendo las personas en el centro.

jueves, 18 de agosto de 2016

¿Cómo ha de posicionarse la biblioteca escolar ante los cambios que precisa la escuela en su organización escolar?

Los procesos de transformación que precisa abordar la escuela implican repensar los propósitos de la educación y la práctica educativa cotidiana, pero también reclaman a cada centro educativo cambios relevantes en su organización escolar. El gran reto transformador para las instituciones escolares del siglo XXI se vincula a esta cuestión.
La mejora de la escuela pasa por la renovación de sus estructuras organizativas y la revisión de su cultura de trabajo, aspectos estrechamente vinculados al cambio educativo.

En este sentido... ¿qué cambios ha de abordar la organización escolar? Y la biblioteca escolar... ¿cómo ha de posicionarse ante estos cambios? 

La transformación de la organización escolar implica un cambio de modelo en la organización de los aprendizajes y en la cultura organizativa del centro. Dos aspectos diferenciados pero interconectados en los que la biblioteca escolar interviene. La cuestión es discernir cómo lo hace, y si hay o no que cambiar alguna premisa en la manera de vincular esta intervención. 

Actualmente surgen interrogantes. ¿Qué lugar ha de ocupar la biblioteca en el proyecto educativo y en la acción educativa? ¿Cómo va a ser utilizada? La relación aula-biblioteca... ¿Qué interacción ha de haber? ¿En qué va a consistir? ¿Qué valor tiene la biblioteca en este contexto de cambio?

Abordar los posibles cambios en el modelo de aula (organización de los aprendizajes) y el modelo de centro (la cultura organizativa escolar) puede ayudar a reflexionar sobre esta cuestión.

1. MODELO DE AULA Y ORGANIZACIÓN DE LOS APRENDIZAJES

Repensar el modelo de aula al servicio de un tipo de aprendizaje social y globalizado con metodologías más participativas y vivenciales, conlleva aplicar fórmulas versátiles en la organización del alumnado (organizaciones grupales que rompan edades, niveles, capacidades, iniciar propuestas de itinerarios …), y estructuras más flexibles en el uso del tiempo, el espacio escolar y los materiales didácticos. Todo ello aprovechando el potencial que puede aportar la cultura digital en el centro escolar.

El tiempo educativo (los horarios y el calendario escolar) ha de poder reordenarse para ofrecer más y mejores oportunidades educativas de aprendizaje y desarrollo. El tiempo en la escuela y en el aula debería organizarse de manera flexible y variable en función de las necesidades y desde una perspectiva global, regulando horarios lectivos y no lectivos. Tiempos que no estén solo fragmentados por las materias sino que también puedan organizarse en función de las actividades relevantes que se realizan en el aula.

El aula como espacio de aprendizaje ha de cambiar en su forma física, introduciendo mobiliario modular y nuevos dispositivos. Haciendo desaparecer el uso presidencial de la pizarra, creando un entorno multifuncional. Una disposición más similar a un aula taller o laboratorio que a un aula convencional.

Al mismo tiempo la flexibilidad en la organización del alunando y la versatilidad en los tiempos educativos, puede permitir que la escuela entera sea considerada como un espacio de aprendizaje. Cualquier lugar ha de ser susceptible de convertirse en espacio apropiado para llevar a cabo actividades que hasta el momento solo se hacían en el aula. Se abre la posibilidad que dentro de la escuela puedan utilizarse múltiples entornos al servicio de los aprendizajes considerando los fines y las características de las actividades didácticas planteadas.

Los materiales curriculares han de ser diversos y cambiantes utilizados para permitir el descubrimiento y generar conocimiento real. La organización de los materiales didácticos es una necesidad. El propio equipo de maestros es el responsable de su elaboración en función de los itinerarios de aprendizaje que se van definiendo en los grupos. Se precisa más recursos y más diversidad pero al mismo tiempo más empoderamiento del profesorado para su selección y organización.

2. MODELO DE CENTRO Y CULTURA ORGANIZATIVA ESCOLAR

Las instituciones capaces de desarrollar un proyecto educativo sólido y propio precisan también de una organización escolar sólida y propia. Una cultura escolar consolidada permite gestionar de forma flexible los recursos que el centro dispone. En este sentido el modelo organizativo está vinculado al grado de autonomía de centro en su gestión y organización.

La cultura organizativa abarca diversos aspectos: las estructuras organizativas internas (sistema organizativo, procesos de toma de decisiones, formas de participación y roles de los actores educativos), el clima escolar entre los miembros de la comunidad educativa, la cultura de trabajo o cultura profesional formado por las actitudes, valores, creencias, y por la forma o modo de trabajar de los docentes entre sí (individualismo, colaboración…), el perfil de las direcciones y las relaciones con el entorno.

Es por ello que la transformación implica repesar la manera como se organiza y coordina el trabajo de la dirección, el claustro y los otros agentes educativos, como se estructura la colaboración con las familias y con el entorno territorial, y como se dispone de los recursos suficientes para llevarlo a término. Tanto financieros como de capacitación y formación.

La legislación actual ya permite a los centros organizarse en torno a un proyecto. El problema estriba en la dificultad de establecer mecanismos para estabilizar proyectos. Hay una renovación constante de equipos. Así no pueden madurar proyectos, ni gestionar equipos de liderazgo porque cada curso se empieza casi de cero. Pero a este aspecto hay que sumarle la ausencia de sistemas de evaluación y depuración de equipos. La autonomía de que gozan los profesionales debería de ir acompañada de sistemas de evaluación y rendición de cuentas.

Las estructuras organizativas internas. Estas han de responder a las necesidades y a los propósitos del centro educativo. Es posible replantear la actual división funcional del profesorado en estructuras rígidas (departamentos, ciclos…), y identificar y flexibilizar los horarios y calendarios de trabajo del profesorado para dar cobertura a un horario diverso. Todo ello para adaptar la coordinación del profesorado a la organización de los aprendizajes.

La cultura profesional. Los cambios implican concebir la escuela como un centro profesional, como un conjunto. Se necesita más trabajo colegiado a nivel general, más cultura de equipo que mejore el sentimiento de adhesión a la escuela, no sólo de los maestros, sino también de los alumnos y las familias. Los equipos docentes comparten poco y trabajan poco coordinados. Hay evidencias que el clima escolar es clave, para ello la escuela ha de vivir de forma más cooperativa y menos individual.

El perfil de las direcciones. Los equipos directivos han de tener una intención fundamentalmente pedagógica, su acción ha de estar encaminada a facilitar procesos transformadores en la práctica educativa. Son equipos que deben delegar y liderar. Su función es empoderar al profesorado y a los equipos para que puedan llevar a cabo su trabajo desde un prisma renovador y transformador. Las tomas de decisiones deberían tender a ser consensuadas y argumentadas, huyendo de rutinas y de imposiciones verticales.

Las relaciones con el entorno. Se precisa establecer redes de relación con otros centros educativos de perfiles similares y entidades generadoras de cultura pedagógica, estableciendo pequeños ecosistemas que permiten el crecimiento de cada centro. El entorno cercano ha de estar presente en el día a día del centro desde las actividades dentro de las aulas hasta las relaciones institucionales.

El rol de las familias. Son necesarias comunidades educativas que generen climas de confianza y transparencia a través de colaboraciones y participaciones de padres y madres de forma puntual en horario lectivo o a través de la organización de actos conjuntos como comunidad. Es interesante que puedan incorporarse en el currículo conocimientos y experiencias familiares. Al mismo tiempo se puede dar sentido real de comunidad a través del trabajo compartido entre la escuela y la AMPA, las comisiones mixtas, familias, maestros, delegados de aula…. También hay que considerar sistemas que permitan acoger la diversidad familiar a través de puntos de encuentro de diversa naturaleza.

Estos son algunos de los cambios que ha de abordar la escuela en su organización escolar. Y la biblioteca escolar... ¿cómo ha de posicionarse ante esta realidad?

domingo, 24 de julio de 2016

Repensar si las bibliotecas escolares pueden liderar procesos de mejora y aportar valor añadido al proyecto educativo

Las bibliotecas escolares no pueden liderar procesos de mejora ni pueden aportar valor añadido al proyecto educativo por sí mismas, porqué son infraestructuras, instrumentos al servicio de la comunidad educativa.

Podrían hacerlo si valoramos la posibilidad que sean agentes educativos, pero entonces tenemos el peligro de considerar las bibliotecas escolares como instituciones paralelas a la escuela, agentes que se integran con la misión de ejercer una influencia y una contribución.

Este sería un modelo más propio del sector bibliotecario que del sector educativo. Así pues hemos de ser cuidadosos con las atribuciones que damos a la biblioteca escolar para no caer en contradicción. Si hablamos de agente educativo ha de referirse a agente escolar dentro del sistema organizativo del centro. Sino no se comprende esta definición.

La biblioteca escolar es un recurso educativo con un gran potencial, y que puede (y debe) ser activado, pero no deja de ser un recurso. Una herramienta para ser usada con unos objetivos específicos. Quien la activa (el centro educativo como proyecto comunitario, el profesorado, el responsable de la biblioteca, el equipo de apoyo… ) es el sujeto de la acción. No la biblioteca.

Las funciones que le atribuimos, son funciones de la escuela, no pueden entrar en competencia con ella, tenemos el peligro que el profesorado así lo visualice. En nuestro discurso es preciso favorecer que el profesorado se apropie del recurso, y visualice la biblioteca como su herramienta.  Porqué estas funciones, si no se llevan a cabo son carencia del centro educativo. La biblioteca como herramienta da la oportunidad al centro educativo de hacer de un modo especifico aquello que la escuela ya debe hacer. Es voluntad o estrategia del centro querer hacerlo así, o utilizar otros instrumentos. Es por eso que difícilmente podremos implementar el desarrollo de bibliotecas escolares de forma generalizada ni construir redes bibliotecarias. Esta es nuestra realidad. La realidad de la escuela.

El valor añadido y el posible liderazgo en innovación al que nos referimos cuando hablamos de la biblioteca escolar, no vienen de la biblioteca sino de la decisión voluntaria y estratégica del centro educativo de trabajar alguno de estos cuatro ámbitos que aportan avance en los procesos de transformación que necesita abordar la escuela:

1. El fomento de la lectura como una cuestión de toda la comunidad educativa
2. La prioridad del desarrollo de las competencias en información y el trabajo por proyectos en las aulas.
3. La voluntad de gestionar corporativamente los recursos del centro de forma centralizada.
4. La consideración de la escuela como comunidad con la necesidad de cuidar y disponer de espacios y actividades de encuentro y socialización.

Estos objetivos pedagógicos con los contenidos curriculares asociados y las acciones organizativas correspondientes reclaman recursos e instrumentos, contextos, entornos…. Así pues la biblioteca escolar es un instrumento. Un potente instrumento con el cual el centro educativo, con su uso (social curricular y pedagógico) por parte del profesorado, puede dar respuesta a alguna de las necesidades que se plantea como centro para la mejora y la innovación.

La biblioteca escolar es una herramienta pedagógica que está para ser usada. Y cada centro ha de encontrar la manera de hacerlo. No deberíamos tratarla como el sujeto que realiza la acción, sino más bien como el circunstancial de modo que facilita, permite, da posibilidad... a la acción.

El sujeto que realiza la acción será siempre el profesorado del centro educativo que activará o no la biblioteca. En sus manos está. Es por ello que urge empezar a hacer un giro en el discurso que define y desarrolla la implementación de las bibliotecas escolares. Poner al profesorado en el centro, la comunidad educativa como protagonista, y articular el desarrollo de la biblioteca escolar como herramienta con la cual realizar actividad que apoye y contribuya a las necesidades del proyecto educativo. Un instrumento que permita generar plataformas colaborativas, equipos, agentes escolares flexibles que puedan cada curso escolar impulsar proyectos específicos.

sábado, 25 de junio de 2016

El futuro de las bibliotecas escolares. Flexibilizar ciertas premisas y adaptar la implementación del modelo existente a la realidad actual


¿Tienen futuro las bibliotecas escolares? El futuro de las bibliotecas escolares no está vinculado a unas premisas específicas o a unos cambios puntuales. Tampoco podemos argumentar la existencia sostenida en el tiempo de bibliotecas en las escuelas solo en dar más peso y valor a alguna de sus funciones Todas son relevantes. La reflexión ha de ser más profunda.

El futuro de las bibliotecas escolares está en la capacidad que podemos tener en los próximos años de adaptar la implementación del modelo existente a la realidad actual.

Las bibliotecas escolares con futuro son todas, porqué el modelo es útil a las necesidades de la escuela. El problema es que no todas las bibliotecas podrán ser iguales, o que la globalidad del modelo nunca podrá llegar a implementase como un todo, sino parcialmente en función de contextos y realidades.

Para ello hemos de considerar que no son las bibliotecas las que se han de adaptar y resituar, sino las personas que diseñan las pautas para su desarrollo. Llevamos demasiado tiempo, inmersos en un discurso construido desde dentro de la biblioteca. Era necesario para argumentar su utilidad, pero todas estas premisas, que describen muy bien las virtudes de la biblioteca escolar, no siempre pueden fructificar.

Tenemos un modelo definido pero constatamos muchas carencias y muchos factores de vulnerabilidad. Muchos elementos no encajan en algunos lugares donde estamos intentando cosechar bibliotecas escolares en una tierra que no está preparada para su cultivo. Por ejemplo ¿cómo podemos dar utilidad a la biblioteca escolar en un centro donde no se da valor a la lectura?

Necesitamos visualizar nuevas posibilidades de implementación de la biblioteca escolar como recurso educativo y diseñar propuestas concretas creadas desde la realidad de las aulas y desde la globalidad de la escuela como organización y como comunidad educativa.

Así pues el futuro de las bibliotecas escolares, la posibilidad que existan y se desarrollen en términos de utilidad educativa, está en nuestras manos. En la capacidad de flexibilizar ciertas premisas y establecer un marco genérico abierto a una amalgama de posibilidades de implementación en función de la realidad de cada centro escolar.

Hemos de dar la posibilidad que cada centro educativo, ante un modelo de biblioteca escolar genérico, pueda singularizarlo. Un modelo que ha de ofrecer un despliegue diverso de funciones. Para hacerlo podemos agrupar estas acciones y determinar posibles ámbitos de trabajo, visualizando la biblioteca escolar en tres dimensiones: social, curricular y pedagógica.

De este modo cada centro educativo puede singularizar el modelo en función de su realidad y determinar aquellos ámbitos donde la biblioteca escolar puede ser útil, contribuyendo al desarrollo del proyecto educativo de centro.  Se trata  que cada centro  diseñe un plan de desarrollo de la biblioteca  en diversas fases de implementación, con solo una dimensión, o con solo  algunos ámbitos de trabajo de cada dimensión, o todos si lo considera. 

DIMENSIÓN SOCIAL: UN ENTORNO PARA LA COMUNIDAD
USO DE LA BIBLIOTECA / GESTIÓN DEL ESPACIO FÍSICO (+ ENTORNO VIRTUAL)

Ámbitos de trabajo

1. Entorno para la lectura (lectura personal, comunidad lectora, la dimensión social de la lectura o socialización de la lectura…)

2. Entorno para el aprendizaje (tareas de investigación de aula, programación de biblioteca como objetivo de aprendizaje….)

3. Lugar de encuentro para la comunidad en su conjunto (cultura de la participación y la colaboración…, alumnos, profesores, familias…) Entorno presencial y virtual.


DIMENSIÓN CURRICULAR: UN CENTRO DE RECURSOS
SERVICIOS DE LA BIBLIOTECA / GESTIÓN DE LOS RECURSOS

Ámbitos de trabajo

1. Gestión de la colección de la biblioteca (selección, clasificación y tratamiento técnico)
2. Gestión de recursos para las tareas escolares (distribución y comunicación)
3. Archivo y depósito de los recursos digitales de la comunidad.

DIMENSIÓN PEDAGÓGICA: UN AGENTE ESCOLAR
ACTIVIDADES DE LA BIBLIOTECA / COORDINACIÓN EDUCATIVA

Ámbitos de trabajo

1. Desarrollo del Proyecto Lector de centro
2. Formación en competencias informacional, mediática y digital
3. Programas generales de centro (Plan TIC, Escuela 2.0, planes de convivencia, educación en valores, programas para evitar el fracaso escolar…)
4. Programas culturales y de lectura del entorno (barrio, municipio, provincia…)

El futuro de las bibliotecas escolares está más vinculado a que generemos para ellas una concepción más abierta y flexible dentro de un marco general que no que enfaticemos en una sola de sus tres dimensiones. El objetivo es que cada biblioteca escolar sea útil en su centro y esté vinculada a sus proyectos. 

Dejemos de pensar en el futuro de la biblioteca escolar. Centrémonos en el presente, conscientes que el ahora es una nueva realidad distinta del ayer, y que el futuro dependerá de cómo se desarrolle nuestro presente. Pongámonos a trabajar para desarrollar bibliotecas escolares útiles. Ello pasa por fomentar ahora no una implementación general sino su singularización.

lunes, 23 de mayo de 2016

Trazando caminos de posibilidad. Visualizar la biblioteca escolar como algo más que un centro de recursos

Actualmente la existencia de bibliotecas en los centros escolares depende de la existencia o no de una corresponsabilidad educativa en los equipos docentes para su desarrollo y del compromiso del centro para el fomento de la lectura vinculado a la idea de comunidad lectora.

En este sentido, si es así, hay que visualizar la biblioteca de otro modo, hay que ir más allá del concepto de biblioteca como un centro de recursos y abrir las puertas a su dimensión social y comunitaria. Es su verdadera misión. Se trata de considerar a la biblioteca escolar como agente educativo, llevando a cabo las cuatro funciones básicas que el modelo actual ya le otorga dentro de la escuela:
  1. La dinamización de la lectura.
  2. La formación en competencias vinculadas a la gestión de la información y el conocimiento.
  3. La mediación en contenidos y recursos para las aulas.
  4. La acción compensadora y socializadora dentro de la comunidad.
Desde esta prespectiva se pueden trazar caminos de posibilidad contemplando diferentes escenarios, porqué la relevancia y valor de una biblioteca en un centro educativo radica en la capacidad real que pueda tener el propio centro de activarla. Esto significa situar su acción en el ámbito curricular y determinar un modelo de gestión que permita su encaje en el sistema organizativo del centro.

Para realizar este paso decidido ha de haber una voluntad colectiva, el propósito de implementar la biblioteca como un recurso estratégico para el desarrollo del Proyecto de Centro en aspectos clave como son el fomento de la lectura y la formación en competencias vinculadas al uso de la información.

Los centros educativos necesitan por parte de la administración educativa orientaciones y pautas para la implementación de bibliotecas escolares bajo esta prespectiva, considerando la especificidad de cada etapa educativa pero también los cambios sociales que han afectando de lleno las prácticas lectoras e informativas de nuestros alumnos en la última década. Las orientaciones y propuestas de acción deben acompañarse de un marco teórico y de ejemplificaciones prácticas que den visibilidad a la tarea que se está realizando actualmente en las bibliotecas de centros educativos tanto públicos como concertados.

Todo esto debería permitir a la biblioteca poder encontrar su lugar dentro de la estructura organizativa escolar considerando tanto el rigor profesional que requiere la gestión de una infraestructura bibliotecaria como las necesidades concretas del contexto propio del centro.