lunes, 20 de junio de 2016

La comunidad educativa como comunidad lectora. Generar experiencias compartidas entorno a la lectura

La escuela tiene la responsabilidad de fomentar la lectura con acciones educativas solidas y estables. Es por ello que en referencia a esta cuestión necesita sistematizar. Debería disponer de un marco común que le permitiera establecer una acción coordinada. Porqué la experiencia nos dice que la realización de muchas actividades no garantiza la consolidación en el tiempo del hábito lector del alumnado dentro de una etapa educativa.

La elaboración de un Proyecto Lector de Centro responde a este objetivo. Resulta un instrumento para la planificación y coordinación de las estrategias que se realizan anualmente en torno a la lectura. Permite asegurar la coherencia trabajando todos los ámbitos de la lectura, no sólo el placer de leer, sino también las estrategias para su aprendizaje y el desarrollo de la lectura como instrumento para aprender.

Pero el fomento de la lectura ha de ser un proyecto de toda la comunidad educativa. Más allá de la documentación y las programaciones de aula. Es preciso considerar la lectura desde su dimensión social y valorar la escuela como un contexto óptimo y estratégico para provocar la vivencia de experiencias compartidas entorno a los libros y la lectura.

Así pues la comunidad educativa puede ser, si queremos (como proyecto de centro) una comunidad lectora. Se trata de implicar a las personas, a los diferentes agentes que forman la comunidad educativa. Estamos hablando de los alumnos (de diferentes niveles y etapas), de los profesores (como docentes y principales mediadores) y de las familias. Considerar el centro educativo como un marco de formación específico (microcosmos) donde se vive la lectura para poder traspasar las experiencias en el macrocosmos social existente fuera de la escuela.

Urge estimular la creación de comunidades lectoras donde la lectura pase a ser una práctica cotidiana y compartida. Conseguir que las intervenciones educativas vinculadas al fomento de la lectura vayan más allá del trabajo en el aula. Poder generar propuestas de actividades diversificadas y de carácter transversal. Abrirse a nuevos contextos que hagan posible por un lado la implicación de las familias y por otro la participación del centro en actividades culturales de su entorno.

Configurar una comunidad educativa como comunidad lectora es una estrategia para construir hábitos lectores en un contexto escolar. Se fomenta un ambiente (que implica a toda la comunidad educativa) donde las prácticas lectoras se asocian a experiencias gratificantes y compartidas.

La biblioteca escolar tendría aquí un papel fundamental para contribuir a crear este ambiente lector de centro con actividades generales que implican diversos cursos y diversos agentes escolares. Actividades relacionadas con la dinámica de la comunidad educativa (curricular y no curricular) y programadas dentro del calendario escolar del centro.La biblioteca puede convertirse así en el referente cultural de la comunidad y un agente de desarrollo comunitario.

lunes, 23 de mayo de 2016

Trazando caminos de posibilidad. Visualizar la biblioteca escolar como algo más que un centro de recursos

Actualmente la existencia de bibliotecas en los centros escolares depende de la existencia o no de una corresponsabilidad educativa en los equipos docentes para su desarrollo y del compromiso del centro para el fomento de la lectura vinculado a la idea de comunidad lectora.

En este sentido, si es así, hay que visualizar la biblioteca de otro modo, hay que ir más allá del concepto de biblioteca como un centro de recursos y abrir las puertas a su dimensión social y comunitaria. Es su verdadera misión. Se trata de considerar a la biblioteca escolar como agente educativo, llevando a cabo las cuatro funciones básicas que el modelo actual ya le otorga dentro de la escuela:
  1. La dinamización de la lectura.
  2. La formación en competencias vinculadas a la gestión de la información y el conocimiento.
  3. La mediación en contenidos y recursos para las aulas.
  4. La acción compensadora y socializadora dentro de la comunidad.
Desde esta prespectiva se pueden trazar caminos de posibilidad contemplando diferentes escenarios, porqué la relevancia y valor de una biblioteca en un centro educativo radica en la capacidad real que pueda tener el propio centro de activarla. Esto significa situar su acción en el ámbito curricular y determinar un modelo de gestión que permita su encaje en el sistema organizativo del centro.

Para realizar este paso decidido ha de haber una voluntad colectiva, el propósito de implementar la biblioteca como un recurso estratégico para el desarrollo del Proyecto de Centro en aspectos clave como son el fomento de la lectura y la formación en competencias vinculadas al uso de la información.

Los centros educativos necesitan por parte de la administración educativa orientaciones y pautas para la implementación de bibliotecas escolares bajo esta prespectiva, considerando la especificidad de cada etapa educativa pero también los cambios sociales que han afectando de lleno las prácticas lectoras e informativas de nuestros alumnos en la última década. Las orientaciones y propuestas de acción deben acompañarse de un marco teórico y de ejemplificaciones prácticas que den visibilidad a la tarea que se está realizando actualmente en las bibliotecas de centros educativos tanto públicos como concertados.

Todo esto debería permitir a la biblioteca poder encontrar su lugar dentro de la estructura organizativa escolar considerando tanto el rigor profesional que requiere la gestión de una infraestructura bibliotecaria como las necesidades concretas del contexto propio del centro.