domingo, 17 de enero de 2016

Biblioteca escolar y comunidad educativa desde su vertiente de comunidad lectora en los centros de secundaria

La dimensión social de la lectura y la consideración de crear una comunidad lectora son estrategias valoradas por los expertos en la educación literaria de los adolescentes. El sentimiento de comunidad lectora nace de la suma de todas las actividades que se llevan a cabo en el centro alrededor de la lectura.

Considerar los vínculos entre la acción de la biblioteca y la comunidad educativa desde su vertiente de comunidad lectora permitiría experimentar nuevas estrategias de relación en base a intereses comunes, mejorar la convivencia a través del conocimiento de los gustos y habilidades personales y fomentar la cultura de la colaboración. Todo ello revertiría en una mejora formativa de los hábitos de lectura y socialización.

La función socializadora caracteristica de la biblioteca ha ampliado su campo de acción con la incorporación de las herramientas de la web 2.0 y las redes sociales en el entorno digital. 

Se precisa en este momento establecer las bases para fomentar la actividad de la comunidad lectora en ambos entornos, físico y virtual, en busca de un equilibrio entre tradición y nuevas tendencias. 

El hecho de que sea la biblioteca la iniciadora de actividades que promuevan la presencia activa de la comunidad lectora del centro en un entorno virtual específico tiene un sentido natural, ya que tradicionalmente las estrategias para la promoción de la lectura han sido uno de sus objetivos prioritarios. En esta línea la necesaria creación de una plataforma virtual colaborativa y relacional para el fomento de la lectura y escritura desarrolla una doble función:

1. Socializadora (la biblioteca como agente socializador), que fomenta el sentido de comunidad y pone en valor la actividad de los participantes.

2. Formadora (la biblioteca como agente formador), que permite incidir educativamente en la formación y autonomía de lectores competentes digitalmente. Se trata de una acción que pretende consolidar prácticas lectoras en los alumnos más allá de un contexto escolar, dotándolos de las destrezas necesarias para la práctica social de la lectura en edad adulta.

En este sentido la biblioteca para potenciar la socialización lectora debería establecer canales de comunicación que facilitasen la interacción y generasen contextos propicios para la participación y compartición tanto desde su espacio físico como desde el entorno virtual. 

Actualmente el diseño de estrategias para el fomento de la lectura debe considerar el mundo digital así como las prácticas lectoras que éste lleva asociadas. El hecho de disponer de un entorno virtual que facilita la interacción no es suficiente para generar la participación o el sentimiento de comunidad, se necesitan contextos específicos, intencionalidad en las actividades propuestas y una dinamización. La figura de la biblioteca como dinamizador de estos espacios colectivos es una nueva vía a desarrollar dentro de sus funciones de ámbito social.

Al mismo tiempo el liderazgo de esta tarea dinamizadora de entornos virtuales representa un factor de cohesión para la comunidad lectora. Todo esto implica un aprendizaje, una planificación y un acompañamiento desde las primeras prácticas fomentadas hasta la autonomía personal, pero también representa una oportunidad para crear hábitos lectores, ampliar el perfil lector de los miembros de la comunidad y familiarizarse con el circuito social del libro que ahora ya traslada a la red parte de su actividad.

La actividad de la comunidad lectora en el entorno virtual debe responder a unos parámetros y unas bases definidas por el centro educativo. Hay que crear un entorno digital que responda tanto a una función socializadora como formadora. La biblioteca puede ser la iniciadora de actividades que promuevan la presencia activa de la comunidad lectora en este entorno.

Los blogs, los foros digitales y las redes sociales configuran los nuevos entornos de socialización lectora en la red. La creación de perfiles en las redes sociales es fácil y su uso intuitivo, pero hay que tener unos objetivos claros o haber una reflexión previa sobre su uso. Por otra parte, hay que tener presente que lo que crea el sentimiento de comunidad lectora es la suma de todas las acciones y actividades que se llevan a cabo en el centro. Lo que aporta la incorporación de las redes sociales es la posibilidad de retroalimentarse, de crear sinergias, flujos de información, no únicamente de las lecturas (títulos recomendados), sino también de la experiencia lectora.

La situación actual es embrionaria ya que apenas se empieza a valorar el entorno digital como ámbito de trabajo de la biblioteca. Aún no hay suficientes experiencias y modelos creados de plataformas sociales lectoras en los centros educativos de secundaria para extraer conclusiones. Pero la observación de las iniciativas realizadas inicia un camino que invita a experimentar. 

lunes, 11 de enero de 2016

Crónica de una realidad anunciada: las bibliotecas escolares no interesan a la administración porque no son rentables

Las bibliotecas escolares están desatendidas por la administración educativa ya que no existe un impulso decidido ni unas directrices para su desarrollo actualizadas a la realidad de la escuela y a sus anhelos de cambio y renovación.

No disponemos de forma generalizada de programas institucionales que se hayan sostenido en el tiempo o que hayan sido suficientemente potentes en su implementación. Vivimos una situación de austeridad presupuestaria que bloquea iniciativas y proyectos. Al mismo tiempo vemos con estupefacción como las prioridades en las políticas educativas se están desdibujando a merced de una visión mercantilista de la educación.

Las bibliotecas escolares no encajan en este paradigma de la rentabilidad educativa, es por ello que han pasado a ser consideradas un elemento de segundo orden o incluso de tercer nivel, totalmente prescindibles para la innovación educativa, y en el mejor de los casos descritas solo como recursos de apoyo a la lectura.

Bajo la excusa de los recortes se esconde una gran incredulidad. Es una realidad anunciada: las bibliotecas escolares no interesan a la administración porque no son rentables. No aportan valor a una innovación educativa pensada solo con parámetros de modernidad tecnológica o rentabilidad en los resultados.

Todos sabemos que las bibliotecas escolares son una cuestión social, un elemento vinculado a la escuela en su más íntima esencia, en línea o los objetivos básicos de la educación que son el desarrollo personal y comunitario. Es por ello que tienen un potencial educativo extraordinario. Su rentabilidad es a largo plazo, como la misma educación. Esto parece invisible a aquellos que actúan como tecnócratas o solo se preocupan por la gestión de la educación.

Ante esta situación, como en otros campos vinculados al desarrollo comunitario donde la sociedad civil se ha activado y organizado en la resolución de problemas sociales, desde los centros escolares podemos activarnos y organizarnos de forma colaborativa para trabajar en aquellos aspectos que la administración deja sin atender. Son un paliativo pero resulta imprescindible.

Existen en la actualidad numerosos colectivos que en aspectos específicos del mundo educativo trabajan en esta línea utilizando las redes sociales con el objetivo de compartir experiencias e interpelar así a la administración. Las bibliotecas escolares pueden ser también uno de estos ámbitos. Ya disponemos de ejemplos en Catalunya con Bibliomedia o en Albacete con el grupo cooperativo bibliotecas escolares en red.

Supone una acción compensatoria, no lo olvidemos, pero sin duda potencia un mayor protagonismo de la sociedad y la ciudadanía. Estamos ante el concepto de "innovación social" nacido en la última década, referido a un nuevo tipo de cooperación creativa entre iguales. Los ciudadanos dejan de ser objetos o clientes, para enfrentarse a los nuevos riesgos y desafíos sociales como sujetos con capacidad de decisión y de cambio. El proceso de innovación social empodera a los individuos a actuar con valores de cooperación, confianza y reciprocidad, creando una nueva cultura de relaciones colaborativas.

Organicémonos en redes locales de cooperación educativa en relación al impulso y desarrollo de bibliotecas en los centros educativos. Necesitamos emprendedores sociales, personas creativas que lideren nuevas ideas, organicen nuevas redes y abran nuevas ventanas de oportunidad. No buscamos substituir. Sino apelar a la movilización para interpelar a la administración construyendo proyectos colaborativos que nos permitan compartir y avanzar de forma local en el día a día de nuestros centros.