lunes, 11 de enero de 2016

Crónica de una realidad anunciada: las bibliotecas escolares no interesan a la administración porque no son rentables

Las bibliotecas escolares están desatendidas por la administración educativa ya que no existe un impulso decidido ni unas directrices para su desarrollo actualizadas a la realidad de la escuela y a sus anhelos de cambio y renovación.

No disponemos de forma generalizada de programas institucionales que se hayan sostenido en el tiempo o que hayan sido suficientemente potentes en su implementación. Vivimos una situación de austeridad presupuestaria que bloquea iniciativas y proyectos. Al mismo tiempo vemos con estupefacción como las prioridades en las políticas educativas se están desdibujando a merced de una visión mercantilista de la educación.

Las bibliotecas escolares no encajan en este paradigma de la rentabilidad educativa, es por ello que han pasado a ser consideradas un elemento de segundo orden o incluso de tercer nivel, totalmente prescindibles para la innovación educativa, y en el mejor de los casos descritas solo como recursos de apoyo a la lectura.

Bajo la excusa de los recortes se esconde una gran incredulidad. Es una realidad anunciada: las bibliotecas escolares no interesan a la administración porque no son rentables. No aportan valor a una innovación educativa pensada solo con parámetros de modernidad tecnológica o rentabilidad en los resultados.

Todos sabemos que las bibliotecas escolares son una cuestión social, un elemento vinculado a la escuela en su más íntima esencia, en línea o los objetivos básicos de la educación que son el desarrollo personal y comunitario. Es por ello que tienen un potencial educativo extraordinario. Su rentabilidad es a largo plazo, como la misma educación. Esto parece invisible a aquellos que actúan como tecnócratas o solo se preocupan por la gestión de la educación.

Ante esta situación, como en otros campos vinculados al desarrollo comunitario donde la sociedad civil se ha activado y organizado en la resolución de problemas sociales, desde los centros escolares podemos activarnos y organizarnos de forma colaborativa para trabajar en aquellos aspectos que la administración deja sin atender. Son un paliativo pero resulta imprescindible.

Existen en la actualidad numerosos colectivos que en aspectos específicos del mundo educativo trabajan en esta línea utilizando las redes sociales con el objetivo de compartir experiencias e interpelar así a la administración. Las bibliotecas escolares pueden ser también uno de estos ámbitos. Ya disponemos de ejemplos en Catalunya con Bibliomedia o en Albacete con el grupo cooperativo bibliotecas escolares en red.

Supone una acción compensatoria, no lo olvidemos, pero sin duda potencia un mayor protagonismo de la sociedad y la ciudadanía. Estamos ante el concepto de "innovación social" nacido en la última década, referido a un nuevo tipo de cooperación creativa entre iguales. Los ciudadanos dejan de ser objetos o clientes, para enfrentarse a los nuevos riesgos y desafíos sociales como sujetos con capacidad de decisión y de cambio. El proceso de innovación social empodera a los individuos a actuar con valores de cooperación, confianza y reciprocidad, creando una nueva cultura de relaciones colaborativas.

Organicémonos en redes locales de cooperación educativa en relación al impulso y desarrollo de bibliotecas en los centros educativos. Necesitamos emprendedores sociales, personas creativas que lideren nuevas ideas, organicen nuevas redes y abran nuevas ventanas de oportunidad. No buscamos substituir. Sino apelar a la movilización para interpelar a la administración construyendo proyectos colaborativos que nos permitan compartir y avanzar de forma local en el día a día de nuestros centros. 

domingo, 13 de diciembre de 2015

Función de apoyo curricular de la biblioteca escolar como centro de recursos

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Las tareas que lleva a cabo la biblioteca escolar como centro de recursos en su función de apoyo curricular pueden agruparse en tres ámbitos de trabajo: la gestión de contenidos  para las tareas escolares, la selección de materiales impresos para la colección de la biblioteca, y el archivo y depósito de los recursos digitales de la comunidad.

1. Gestión de contenidos (impresos y digitales) para las tareas escolares

La función de la biblioteca escolar como centro de recursos pasa por garantizar la gestión (registro y depósito) de los recursos documentales disponibles en el centro educativo, pero también en realizar su distribución y comunicación en las aulas para las tareas escolares. Por tanto la biblioteca ha de facilitar unos servicios de ámbito general pero sustancialmente debería focalizar su acción en servicios específicos orientados al apoyo curricular.

Los servicios de información son acciones de distribución y/o comunicación de recursos que realiza la biblioteca para proveer las aulas, o bien apoyar actividades específicas con selecciones digitales o difusión de propuestas de lectura. Es necesario establecer acuerdos con los agentes interesados ​​(equipos docentes, alumnado...) sobre las necesidades planteadas así como trabajar juntos para la selección de los materiales y obras más pertinentes.

Los servicios de información de la biblioteca deberían estar vinculados a proyectos. La biblioteca ha de distribuir recursos a las aulas, pero tambien puede desde el entorno virtual, proporcionar servicios específicos como selecciones digitales temáticas o productos de difusión con propuestas concretas de lectura. Estos servicios de provisión de recursos son acciones de apoyo curricular vinculados a la programación docente que nacen como requerimiento de un departamento didáctico o de un proyecto general de centro.

La difusión y comunicación de recursos con la elaboración de guías de lectura, selecciones bibliográficas o boletines de novedades, es una tarea prescriptora que la biblioteca escolar realiza como función de apoyo curricular. La elaboración de propuestas de lectura desde la biblioteca con coordinación con el equipo docente representa una acción de mediación educativa que se orienta a apoyar el Plan de Lectura de Centro (PLEC).

2. Selección de materiales impresos para la colección de la biblioteca

Los estándares internacionales y las recomendaciones bibliotecarias para la gestión de la colección son orientaciones que se han de contextualizar en cada centro educativo. Hay que considerar como criterios generales para la selección de materiales el tipo de enseñanzas, los programas que se desarrollan, la tipología del alumnado y de sus familias, los métodos de trabajo o líneas pedagógicas, así como las necesidades formativas del profesorado o las actividades extraescolares que ofrece el centro.

La colección de una biblioteca escolar se debería organizar y gestionar no como un corpus unitario e indisoluble sino como un corpus flexible y misceláneo. Un corpus que se va construyendo en torno a la realidad escolar del propio centro. Una parte importante será permanente, pero otra será variable en función de los programas, los diferentes trabajos de investigación o los proyectos interdisciplinarios que se planteen cada año.

3. Archivo y depósito de los recursos digitales de la comunidad

La gestión de contenidos digitales ha de articularse corporativamente. El centro educativo debería asegurar que la gestión de los recursos digitales se realizase con criterios comunes, y que las diferentes iniciativas en este tema se pudieran asociar o relacionar. La biblioteca puede ofrecer selecciones de recursos digitales pero es difícil que pueda de forma solitaria crear una colección digital para toda la comunidad. Para este objetivo parece más viable la gestión compartida de un depósito abierto o bien crear la posibilidad que la biblioteca dé visibilidad desde su propio portal a los entornos digitales del profesorado y/o de los departamentos 

Las producciones digitales que se generan en el centro se pueden recopilar en depósitos digitales corporativos que faciliten su consulta y recuperación. Desarrollar depósitos de recursos digitales en el centro educativo tiene sentido si es una tarea colaborativa pensada para recoger el conocimiento que va generando la comunidad docente. En este tipo de depósito la biblioteca puede actuar como referente, y si se cree oportuno puede incluso liderar su gestión. La biblioteca puede convertirse así en el archivo de la vida cultural del centro ya que está en disposición de garantizar su conservación.