viernes, 30 de octubre de 2015

La biblioteca escolar no es una quimera, sino un agente escolar lleno de posibilidad

Las bibliotecas escolares no son una quimera, sino una realidad posible. Su implementación no es una ilusión sino una posibilidad en manos de aquellos centros educativos que visualizan su potencialidad y en consecuencia deciden incorporar este recurso en su organización escolar.

En un momento como el actual, de crisis en el ámbito de politicas educativas vinculadas a la biblioteca escolar, se precisa un discurso de esperanza que sitúe a la biblioteca escolar en el ámbito de la posibilidad. Ello implica definirla y pensarla como parte de la escuela.

Considerar a las bibliotecas escolares como recursos educativos potentes y estables, que pueden actuar como agentes escolares estratégicos de apoyo al proyecto educativo no es una entelequia. Disponemos de un discurso pedagógico que lo corrobora. Pero estimar que las bibliotecas escolares actúen por ellas mismas como motor de cambio o centros neurálgicos de la actividad docente, sí que es un mito que no responde a la realidad de la escuela.

Las bibliotecas escolares son prescindibles si son presentadas como recursos imprescindibles. Las bibliotecas escolares son necesarias y son útiles, pero siempre y cuando respondan a una voluntad colectiva docente dentro del centro educativo. Se precisa medir su utilidad en parámetros educativos propios, parámetros no vinculados al mundo de las bibliotecas.

Existe una confusión que merece ser esclarecida  para comprender que podemos perfectamente plantear un discurso considerando de entrada que las bibliotecas escolares pueden ser prescindibles.  La cuestión es decidir a qué vinculamos su desarrollo ... ¿al ámbito escolar de los recursos educativos o al ámbito de las  bibliotecas ?

La misión principal de las bibliotecas como instituciones culturales es el fomento de la lectura y el desarrollo cultural de la ciudanía, y ello es algo que nuestra sociedad no puede prescindir. Es irrenunciable. Necesitamos un sistema público de bibliotecas. Pero en el caso de la biblioteca escolar, esta misión es solo una de sus funciones. Al ser la biblioteca escolar no una institución bibliotecaria sino un agente de la propia escuela, su existencia y utilidad (en términos educativos) se vincula al sistema educativo y al desarrollo del currículo y del proyecto de centro.

La función primordial de la biblioteca escolar es apoyar al Proyecto Educativo de Centro.  Y esto lo hace desde una infraestructura bibliotecaria, desde unos servicios y programas, activando todos los recursos que son propios de una biblioteca. La misión  de la biblioteca escolar se trasalada a otra orbirta. Más allá del fomento de la lectura su misión es la de contribuir con sus acciones en los procesos de mejora que precisa el sistema educativo, y acompañar en el dia a dia la transformación que precisa la escuela. Porque la biblioteca escolar es un recurso potente y con muchas posibilidades de acción.

Hay que crear la necesidad para que esto suceda. Urge que todos aquellos que hablamos y escribimos sobre la biblioteca escolar presentemos y forjamos un discurso basado en la posibilidad. Convertir las bibliotecas escolares en recursos relevantes significa considerarlas no unicamente como centros de recursos sino tambien como entornos educativos y como agentes escolares.

Las bibliotecas escolares articuladas como agentes educativos tienen capacidad para generar actividad propia al servicio del Proyecto de Centro. Incluso pueden llegar a ser "motores" de innnovación si el centro les otorgan esta función. Esta actividad se vincula al fomento de la lectura y al acceso a la información, y se desarrolla impulsando dinámicas de trabajo colaborativo dentro de la comunidad educativa. Al mismo tiempo en el ámbito curricular la biblioteca contribuye realizando acciones formativas específicas y responsabilizándose de la gestión de recursos para las aulas, aportando una infraestructura técnica y una especialización.

Así pues no podemos olvidar que la relevancia y valor  de la bibliotecar escolar radica en la capacidad real que pueda tener el propio centro de activarla y dar oportunidad a su potencialidad educativa.




domingo, 6 de septiembre de 2015

Propuestas para renovar las políticas educativas para el desarrollo de la biblioteca escolar

Las bibliotecas escolares pensadas como red de bibliotecas se encuentran en este momento en un camino de extinción. Sólo tienen garantías de futuro aquellas bibliotecas que las direcciones y los claustros determinen su utilidad. Estas existen, son muestra de su potencial educativo y su relevancia social. Son bibliotecas que merecen apoyo y sostén por parte de la administración. Pero las bibliotecas escolares que no estan siendo activadas desde dentro de la escuela no es de estrañar que terminen por desaparer.

Es evidente que en muchos centros los espacios están obsoletos, no responden a las necesidades actuales ni a la estética de nuestros tiempos. Estamos hablando de unos entornos que necesitan físicamente renovarse. Hay centros (públicos y privados) que han decidido cerrar la biblioteca y reutilizar esos espacios.  Esto está pasando. Es lógico que no quieran invertir en algo que no se está utilizando. Porque la realidad es que no tenemos asegurado el uso pedagógico regular de la biblioteca, especialmente en secundaria.

Es por ello que el futuro a nivel de politicas educativas pasa por actuar localmente, y reforzar los proyectos propios de biblioteca que tienen los centros con ayudas concretas (económicas, formación en el centro ...) desde los Servicios Educativos o Centros de Profesorado, incluyendo una política especifica para la biblioteca escolar por parte de las Consejerías de Educación.  No generalizar una red de bibliotecas escolares, incidir en redes locales, buscar la adaptabilidad a los nuevos tiempos y encontrar estrategias nuevas que puedan dar respuesta a las carencias del propio sistema educativo. 

Hay que velar con acciones concretas desde la administración  para que las bibliotecas escolares que estan funcionado puedan desarrollarse y  puedan ser semillero de otros proyectos de biblioteca en centros cercanos, en una misma zona territorial. Podemos crear redes locales,  agrupando en zonas de cooperación bibliotecaria los nodos existentes y vinculando el apoyo de la biblioteca pública.
Podemos considerar  para comunicar a la adminsitación  tres aspectos básicos: 

Primer aspecto: Habria que repensar las políticas. Falta un impulso más decidido para las bibliotecas escolares por parte de la administración educativa que es quien tiene la responsabilidad de su implementación. Hay quien piensa que no hay política al respecto. En este momento estamos viviendo del recuerdo de las políticas puestas en marcha con programas específicos que en su momento supusieron un avance importante. Ahora la acción es de mínimos y sin orientación, porque son propuestas que no aportan futuro para la biblioteca escolar.

Seguimos pensando en la biblioteca como un centro de recursos sin darnos cuenta que este concepto, por sí solo, ha caducado. La biblioteca escolar como la venimos definiendo es prescindible y más en los centros de secundaria. Así pues, lo que parece más sensato, es aunar esfuerzos y sin dilación incidir en visualizar el diferencial que representa tener o no tener biblioteca. Sería interesante que la administración renovase las políticas, centrando el discurso en las funciones y acciones que la biblioteca escolar aporta en el centro educativo, en su desarrollo como agente educativo. La administración ha de proporcionar ayudas al respecto, pero no pueden ser generalizables, han de responder a un compromiso del centro, a un proyecto especifico de uso pedagogico y una vía es apelar a la responsabilidad que conlleva la utonomia de centro.

Segundo aspecto: Habría que establecer un marco normativo para regular en los centros la existencia de un equipo específico para el desarrollo de la biblioteca escolar y la figura de un coordinador que fuera el responsable. Una posibilidad para establecer un marco sostenible, sería dar más potestad a las direcciones de los centros. Si las direcciones reconocen como adecuado, para la implementación de su proyecto educativo, el modelo de biblioteca escolar establecido, deberían tener la potestad legal de fomentar la creación de un equipo de biblioteca y el nombramiento de un coordinador que actuara como responsable. En los centros de secundaria sería una medida muy útil para poner la biblioteca a un nivel pedagógico de categoría de departamento didáctico.

Tercer aspecto: Habría que establecer políticas más directas para el desarrollo de planes de fomento de la lectura en los municipios. Son imprescindibles si queremos impulsar la colaboración entre la biblioteca escolar y la biblioteca pública. Representan un proyecto común y un ámbito de trabajo fructífero. Por un lado nos encontramos que el sector bibliotecario presta mucha disponibilidad para trabajar con las comunidades educativas, y por otro los centros, dentro su Plan de Lectura se ven con la necesidad de trabajar en red con el entorno para este cometido. Las condiciones estan, faltan las políticas que lo faciliten.